La casa de las dagas voladoras: ¿Ni una más ni una menos?

China, año 859. La otrora floreciente dinastía Tang está en declive. El malestar es general y el gobierno corrupto se enfrenta a numerosos ejércitos rebeldes. El mayor y más poderoso de éstos está gobernado por un misterioso nuevo líder. Dos capitanes locales, Leo y Jin, deben capturar al nuevo líder, para lo que cuentan con un elaborado plan. El capitán Jin se hará pasar por un guerrero solitario y rescatará de la prisión a una revolucionaria, la bella y ciega Mei (Zhang Ziyi), para ganarse su confianza y llevarla a la sede secreta del ejército. El plan funciona pero, para su sorpresa, Jin y Mei se enamoran profundamente durante el largo viaje. ¿Cuál será el destino de estos desventurados amantes? Si se trata de amor verdadero, ¿por qué traman algo en sus mentes y ocultan secretos en sus corazones?

Yimou, después del éxito cosechado por Hero, tanto en la taquilla (fue nº 1 en EE.UU., donde hizo 53 millones -costó 30-) como entre los críticos, entrega a sus fieles una nueva película de artes marciales con aires de ópera danzada, producida nuevamente por el astuto Bill Kong, con un presupuesto mucho menor que el de Hero. Artes marciales singulares, tal y como ha señalado el crítico norteamericano Robert Ebert en un divertido comentario. Dice Ebert que esta película encajaría en un contenedor bautizado por su colega Pauline Kael como «kiss kiss bang bang», pero añadiéndole la pegatina de «pretty pretty».

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La casa de las dagas voladoras: Cine grande, cine pequeño

Verdaderamente, la nueva superproducción de Yimou, aún siendo menos redonda que Hero, tiene momentos en los que sólo cabe levantarse y aplaudir (sobre todo la larga y espectacular danza de las alubias, con una bellísima Zhang Ziyi). Es lo que hizo la prensa especializada -yo entre ellos- en el pase de la película en el Festival de San Sebastián. Las coreografías, el vestuario, las localizaciones (chinas y ucranianas), el sonido, la fotografía (Zhao Xiaoding aspira al Oscar en su debut), el montaje y los actores son de una hermosura arrebatadora, en la que mucho tiene que ver el uso del color.

La casa de las dagas voladoras (Zhang Yimou, 2004)
La casa de las dagas voladoras (Zhang Yimou, 2004)

Pero la historia es confusa, más confusa y enmarañada que en Hero, que ya estaba bien servida. Y el guión es reiterativo y lineal, con varios pasajes eróticos bastante ridículos que suenan a concesión. Y desde luego está el asunto del final, o mejor dicho de los finales: para lograr que la película terminara hubo que llamar, varias veces, a la Guardia Civil. De ahí que se entienda muy bien que bastantes admiradores de Yimou, al salir del cine, hagan un comentario parecido a éste: «Bueno, colega, ya te has divertido bastante con las espaditas y las peleas en bosques de bambú. Además has hecho caja. Así que déjate de tonterías y vuelve a tu cine pequeño, ese que con muy poco logra conmovernos mucho». Pues sepan los admiradores del director de Ni uno menos que lo que está rodando es la historia de un japonés que viaja con su hijo a China para enseñar ópera.Yimou es un apasionado de la ópera, y en 1999 fue director de escena de Turandot, representada en la Ciudad Prohibida.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Zhao Xiaoding
  • Montaje: Cheng Long
  • Música: Shigeru Umebayashi
  • Vestuario: Emi Wada
  • País: China
  • Año: 2004
  • Distribuidora: Columbia

La casa de las dagas voladoras (Shi mian mai fu)

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Reseña
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Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor