La cuarta fase: Hasta qué punto…

En su intento por sorprender al espectador, el cine de terror juega cada vez con más ahínco no sólo en la renovación de las tramas clásicas sino en la presentación visual de los largometrajes. Claro ejemplos de ello son películas como la famosísima El proyecto de la bruja de Blair, [REC], Monstruoso o la más reciente Paranormal Activity.

Además de la adaptación a las nuevas tecnologías y del aprovechamiento de las campañas virales a través de internet, estos productos elaborados juegan con la credibilidad de la historia para atraer al espectador: en el primero de los casos mencionados haciéndose pasar por real, y en los restantes dándole toques documentales.

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El caso de La cuarta fase es un ejemplo perfecto de la mezcla de ambas tendencias. A través de una importante campaña en la red y de la utilización de «material completamente inédito y real sobre la investigación» -tal y como apunta la información para la promoción-, la película de norteamericano Olatunde Osunsanmi cuenta la historia Abbey Tyler, una psicóloga afincada en un pueblecito de Alaska llamado Nome, que investiga una serie de extraños sucesos que se remontan a los años sesenta. A través de toda una serie de documentación, basada en una larga entrevista a la doctora y de grabaciones sonoras y de vídeo, Osunsanmi hace una reconstrucción ficcionada en la que juega con la dramatización y con lo real.

Los juegos estilísticos, en los que se entremezcla la fuente con lo ficcionado a partir de un montaje en forma de mosaico cambiante, suponen uno de los mayores logros de La cuarta fase y uno de sus puntos más atractivos aunque no compense las carencias narrativas del metraje.

Con todo, el mayor debate que promueve esta película es hasta qué punto es lícito llegar en la venta de un producto. Más allá de que una película pueda contener material moralmente discutible -vienen a la mente polémicas como la que despertó en su momento El club de la lucha, de David Fincher-, lo que sí es absolutamente cuestionable no es sólo que se vendan unos acontecimientos falsos como veraces, sino que se inste al espectador a creer en ellos con un discurso de Milla Jovovich en el arranque de la cinta, un material documental absolutamente inventado (inclusive la intervención de una universidad) y una campaña viral por internet que no escatimó en publicar noticias falsas, y que le valió a los estudios Universal una multa de veinte mil dólares.

Todo ello para contar una historia de extraterrestres que no se mantiene narrativamente en su último tercio. Aún así, se volverá a usar la argucia del discurso de un actor en busca de una credibilidad difícilmente sostenible. El intento minucioso por darle a La cuarta fase un halo de veracidad puede conducir al engaño y al convencimiento de que lo que se cuenta es real. Una técnica de marketing éticamente deleznable, un guión tramposo y un presupuesto holgado ofrecen una buena panorámica de la desesperación de la industria hollywoodiense por vender productos a cualquier precio.

▲ Los juegos de montaje.

▼ El falseamiento de los hechos.

Ficha Técnica

  • País: EE.UU. (The Fourth Kind, 2009)
  • Fotografía: Lorenzo Senatore
  • Montaje: Paul Covington
  • Música: Atli Örvarsson
  • Duración: 98 min.
  • Público adecuado: Adultos
  • Distribuidora: Aurum
  • Estreno en España: 29 enero 2010
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