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La dama de honor

La dama de honor: Maestría continuada y continuada negatividad

Casi con 75 años, Chabrol ha realizado desde Le beau Serge (1958), sesenta y seis películas, ha participado como actor en 43, ha sido productor en 9, ha escrito 49 guiones, etc., etc. Pero no es sólo el número, sino su continuada maestría. Elijo 4: La ceremonia (1995), Madame Bovary (1991), El carnicero (1969), Las ciervas (1967).

El guión cambió el final de la novela, y la autora, Ruth Rendell, estuvo muy de acuerdo. Una prueba más de que Chabrol -aunque en sus películas suela haber crímenes- no se centra en la trama ni pone el acento en el suspense, sino en sus personajes, en su psicología, en su vida interior, y en retratar su entorno familiar y social.

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Ese entorno familiar y social no es el del cine negro -garitos, o elegantes salas de juego, mafias de la droga…-, sino normalmente el de la burguesía, alta o media. El mal, nos dice de modo constante Chabrol, surge donde hay seres humanos libres, tras la apariencia más corriente y cotidiana.

Philippe (Benoit Magimel), un atractivo joven de 25 años, al que se le abren de pronto muy buenas expectativas profesionales, que le permitirían salir de la mediocridad social en que vive, se lanza, irracional y apasionadamente, a una aventura -mucho más sexual que amorosa- con una rara y turbadora joven que se hace llamar Senta (Laura Smet), dama de honor en la boda de la hermana mayor de Philippe.

Sí, pasada media película, hay muertes; pero Chabrol se centra en la inmoral decisión de Philippe -un joven vacío, frío, hermético, sólo atento a su trabajo- y en las peligrosas consecuencias, que le cercan en tantos sentidos. El espectador, me parece, acecha la decisión y sigue la trayectoria de Philippe, trayectoria que podría ser la de cualquiera que se deje dominar por la pasión en detrimento fatal de la razón y de lo razonable. Benoit Magimel es un actor sorprendentemente bueno: en su rostro se vive todo lo que pasa por su alma. Y Laura Smet está convincente en su inquietante personaje, extravagante y muy atractiva.

La pericia de Chabrol en la creación del ambiente medio burgués es grande: hechos, gestos, dichos de las personas…, y no sólo la buena adecuación de su hogar y su indumentaria. Y es necesario el acierto en esa creación burguesa, en apariencia anodina, porque es de ella de donde surge la irracional pasión y el crimen: el mal.

Por tanto, el género «película de crímenes» -si es que se puede calificar así- es en Chabrol algo mucho más importante y hondo que el mero entretenimiento, tipo películas de gánsters o filmes negros, que no tienen nada que ver con la realidad. El filme de Chabrol es una invitación a la reflexión.

De todos modos, y ante la vasta filmografía del director, cabe decir que Chabrol ve la realidad de la familia, a la que destruye, y también la realidad social, de un modo demasiado parcial, solamente negativo; hasta el punto de que se puede juzgar, sin temor a la equivocación, que su obra está -en cuanto es crítica negra a la familia y a ese sector social, y por su continuada negatividad- equivocada. En lo profundo, equivocada.

Claude Chabrol es más superficial de lo que parece. Contrariamente a lo que él «dice» en sus filmes, la familia es el ámbito natural de la auténtica educación del hombre, y de la mejora social.

La dama de honor (2004, La demoiselle d’honneur)

País: Francia Dirección: Claude Chabrol Guión: Pierre Leccia, Claude Chabrol, basado en la novela de Ruth Rendell Fotografía: Eduardo Serra Montaje: Monique Fardoulis Música: Matthieu Chabrol Intérpretes: Benoit Magimel, Laura Smet, Aurore Clement, Bernard Le Coq, Solene Bouton, Anna Mihalcea, Michel Duchaussoy Distribuidora: Nirvana