La fortaleza escondida: Una amena odisea

A una pregunta relacionada con determinados aspectos de su per­sonalidad, Kurosawa (Ran) respondía de este modo en las páginas de Cahiers du cinéma: “No soy una persona especialmente fuerte; no estoy especialmente dotado. Sim­ple­mente no me gusta mostrar mi debilidad y detesto per­der, por lo que sólo soy un individuo que intenta las cosas”. De estas declaraciones se puede extraer una conclusión interesante, que viene a revelar una constante latente en muchas de sus películas. El esfuerzo humano, individual o colectivo, como única vía para la superación de adversidades, es una idea omnipresente en su filmografía. La fortaleza escondida inserta esta premisa de la voluntad como instrumento para solventar los problemas en la historia de un grupo hetero­gé­neo de personajes que deciden aunar sus fuerzas en pos de un objetivo común.

La fortaleza escondida cuenta las andazas de un par de pícaros campesinos tras la guerra que enfrentaba a dos dinastías japonesas rivales. Ambos comparten un mismo afán, el de enriquecerse aceleradamente, aunque el azar trastocará sus planes y los conducirá por vericuetos indeseados. Toparán con Rokurota, el general del bando derrotado que protege a la princesa Yuki­hi­me de sus enemigos, y los cua­tro juntos emprenderán un largo camino hacia territorio seguro. La odisea de este improvisado grupo a través de un sinfín de parajes hostiles llena un metraje que incluye frenéticas secuencias de acción, contrapunteadas con episodios cómicos y momentos líricos y poéticos. Kurosawa sabe guardar el equilibrio, esquivando la grandilocuencia, para entregar al espectador una obra amena y llevadera, protagonizada por el gran Toshiro Mifune.

Ficha Técnica

  • Música: M. Sato
  • Título Original: Kabushi toride no san akunin
  • Año: 1958 
  • Duración: 139 minutos
  • País: Japón 
  • Dis­­tri­bui­dora: Filmax
  • Precio: 11,95 euros