Inicio Críticas películas La gran familia española

La gran familia española

- Anuncio -

A Sánchez Arévalo le pasa factura el exceso de toque en una película que se acerca poco a portería (**½)

Dirección y Guión: Daniel Sánchez Arévalo Fotografía: Juan Carlos Gómez Montaje: Nacho Ruiz Capillas Música: Josh Rouse Intérpretes: Antonio de la Torre, Quim Gutiérrez, Verónica Echegui, Patrick Criado, Roberto Álamo. Duración: 102 min. Distribuidora: Warner Público adecuado: +18 años (XD)

España, 2013. Estreno: 13/9/2013

Demasiado tiqui-taca

La gran familia española quiere ser muchas cosas a la vez y lo consigue, a su modo, con unos recursos que dan lugar a una película irregular, episódica y argumentalmente inconsistente, con momentos logrados e interpretaciones esforzadas junto a situaciones artificiosamente acartonadas donde todo parece servir para llenar metraje en dos localizaciones. La habilidad de Sánchez Arévalo consigue que el producto final, sin ser bueno, sea aceptable: en manos de otro, la película, ciertamente, habría sido un desastre.

Hay mucha estrategia en este melodrama de Daniel Sánchez Arévalo, el director y guionista madrileño de 43 años que desde su opera prima de 2006, Azuloscurocasinegro, viene repitiendo constantes temáticas y tratamientos en sus historias, que parecen presididas por una peculiar interpretación del lema agustiniano Ama y haz lo que quieras. El modelo de juego de la película, usando el simil futbolero, es un poco el tiqui-taca sin gol ni profundidad de España en sus días malos, mucho pase en corto, especula que te especula.

Lo que parece una comedia desmadrada en plan reunión familiar por boda (uno de los subgéneros más explotados por el cine reciente) se pone seria, sentimental y hasta cursi para marcarse unos discursos ideológicos de padre y señor mío sobre un montón de temas interesantes, abordados con una sorprendente contundencia y… frivolidad.

La esquizofrenia de la película (que pasa del humor surrealista al retrato social con mirada acrata pasota pasando por el melodrama aculebronado) termina por desconcertar a un espectador que no sabe muy bien de qué manera encajan el triunfo de España en el Mundial de Sudáfrica con la película Siete Novias para Siete Hermanos y con La gran familia española, un título bien significativo por las resonancias en la historia del cine de nuestro país. El ahora sí, ahora no; el mira que te cuento una cosa que no sabías; el saco de la chistera lo que me va interesando son malas opciones porque una historia que, por rocambolesca que sea, o tiene su lógica interna o no hay manera. Eso se nota especialmente en el cierre de una cinta que acaba como buenamente puede.

Hablaba al comienzo de estrategia y no con sentido peyorativo. Me parece muy lícito usarla para hacer atractiva una película, con recursos de marketing como proyectar la película en la concentración de la selección española de futbol y hacerse fotos con los jugadores y apelar al espíritu de la Roja en entrevistas…

Creo que Sánchez Arévalo es un buen director de actores y tiene buena mano en los diálogos. Pero también que los actores (Antonio de la Torre y Quim Gutiérrez, especialmente) se le repiten de una manera cansina y que los diálogos pueden estar bien aisladamente considerados pero en su conjunto dañan la estructura de la película que se atomiza en exceso. La opción por contar las historias de los cinco hermanos que se reúnen para la boda del más pequeño, de tan solo 18 años con una compañera de clase, con un padre renuente a asistir a la ceremonia por el abandono de su mujer es ambiciosa pero no funciona bien. En los equilibrios para desarrollar todos los personajes, la película pierde frescura y recurre a continuos gags, algunos de ellos ciertamente brillantes. Pero el tono se pierde una y otra vez y eso cansa, quizás más cuando los flashbacks se suceden para dar explicaciones o cuando se emplea algún inserto onírico.

No hace mucho, la danesa Susanne Bier, afrontó una película arriesgadísima, Amor es todo lo que necesitas. Hay muchos elementos comunes con la película española pero el guion de Anders Thomas Jensen se mueve en otra dimensión, a otra escala, en su mirada tragicómica sobre el desconcierto afectivo de varias generaciones y su visión del matrimonio y la familia. Es más inteligente y mejor película que la que nos ocupa. Espero que Sánchez Arévalo salga del atolladero, porque se le ve atascado, quizás por los rígidos arquetipos que pueblan sus historias en las que faltan colores, contrastes, diversidad, vida.

Alberto Fijo

Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor