La huella del silencio: Sobrevalorando

Saul Naumann es un profesor de Teología judía experto en la kabbalah, una corriente mística que mezcla elementos esotéricos y gnósticos. Está casado con Mariam, una silenciosa mujer que sufre un trauma infantil y que abandonó el catolicismo para hacerse judía. Aaron y Eliza son sus dos hijos. La chica tiene una sorprendente habilidad para deletrear palabras.

El aparente equilibrio feliz de la familia es, sólo eso, mera apariencia. Si a este sugerente argumento se le añade una buena realización y un reparto encabezado por Richard Gere -los años le sientan, interpretativamente, de maravilla- y Juliette Binoche, el resultado parece prometedor. Sin embargo, por culpa de un guión atribulado y confuso que parece querer decir muchas cosas sin acabar de decir nada, la película naufraga.

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La huella del silencio, adaptación de una novela de Myla Goldberg, pretende abordar cuestiones tan dispares, y de tan hondo calado, como la desestructuración familiar, la falta de comunicación o lo amarga e insana que puede resultar la búsqueda de la perfección por la perfección (llámese cultura o religión). Da la impresión de que los directores han sido conscientes de la imposibilidad de afrontar tantos temas y, como no pueden plantearlos de forma seria, han decidido sobrevolarlos, para acabar haciendo una caricatura extraña de las relaciones familiares y del papel de la religión.

Al perplejo espectador le resulta casi imposible implicarse en una historia con personajes tan raros y atribulados. Los sonrojantes efectos introducidos en las secuencias del concurso de deletreo -el célebre Bee– conducen al gratificante recuerdo de Spellbound, el excelente documental de Jeffrey Blitz.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Giles Nuttgens
  • Montaje: Lauren Zuckerman
  • Música: Peter Nashel
  • Duración: 104 min.
  • Público adecuado: +18 años (X)
  • Distribuidora: Fox
  • EE.UU. (Bee Season), 2005
  • Estreno: 28.4.2006
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