· El guion de La importancia de llamarse Oscar Wilde es fruto de un estudio serio sobre el personaje y los datos que aporta son fidedignos; el retrato que pinta no es complaciente.

Everett, alter ego de Wilde

Casi todo el mundo conoce algunas frases ingeniosas de Oscar Wilde, muchos además han leído o visto alguna versión de sus célebres comedias. Algunos saben que al final de sus días cayó en desgracia y estuvo en la cárcel «por conducta indecente»: aunque su homosexualidad era conocida se le toleró mientras no hubo escándalo; tras un juicio iniciado por otras causas, no tuvo escapatoria. Pocos saben que pasó sus tres últimos años de manera lamentable entre Italia y Francia, que falleció de meningitis en París, y que en el lecho de muerte pidió y fue admitido en la Iglesia católica. Rupert Everett, homosexual reconocido, escribe, interpreta y dirige una película que cuenta los últimos años de la vida del genial escritor irlandés.

La película está articulada en torno al cuento de El Príncipe Feliz, uno de los más bellos relatos de Wilde y título original de esta cinta, a la que el autor se refiere simbólicamente tanto por la piedad que inspira hacia algunas criaturas, como por el sacrificio que realiza el príncipe por los demás -por algunos en cualquier caso-, como por la bella amistad entre la golondrina y el príncipe, que sugiere la desinteresada amistad entre Reggie Turner y Oscar Wilde, totalmente distinta del tormentoso afecto que le brinda Robbie Ross. Everett destaca la humillaciones sufridas tras el proceso y caída en desgracia, el carácter autodestructivo de este hombre, la amargura que le produce ser incapaz de superar sus vicios; drogas, alcohol y efebos a los que solo puede oponer su genialidad con las palabras.

El guion de La importancia de llamarse Oscar Wilde es fruto de un estudio serio sobre el personaje y los datos que aporta son fidedignos; el retrato que pinta no es complaciente; pero así como presta atención al detalle cierto, erra a la hora de crear una historia interesante. El relato vaga con poca fuerza de un lado a otro, y se ensaña en la miseria que rodea al desgraciado escritor en sus horas bajas, y solo interesará realmente a quien conozca y le importe Oscar Wilde.

La fotografía de John Conroy, de tonos cobrizos, habitualmente enmarcada en sombras, completa el efecto. Lo mejor de La importancia de llamarse Oscar Wilde es la sentida interpretación de Everett, que procura alguna secuencia antológica como la canción en el cabaret, en la que el actor confiere a su personaje grandeza real. Le acompañan una serie magnífica de actores británicos como son Emily Watson, que aparece brevemente en el papel de señora Wilde; Tom Wilkinson, el sacerdote que le atiende en sus últimos momentos, tiene también una fugaz aparición. Edwin Thomas, Colin Morgan y Colin Firth representan a dos amantes y al amigo fiel.

Ficha Técnica

  • Dirección y Guion: Rupert Everett
  • Fotografía: John Conroy
  • Montaje: Nicolas Gaster
  • Música: Gabriel Yared
  • Intérpretes: Rupert Everett, Colin Firth, Colin Morgan, Emily Watson, Miranda Richardson, Tom Wilkinson, Anna Chancellor, Julian Wadham, Béatrice Dalle
  • Duración: 105 min.
  • Público adecuado: +16 años (X-)
  • Distribuidora: Alfa
  • Alemania, Italia, Reino Unido (The Happy Prince), 2018
  • Estreno: 26.4.2019
Reseña Panorama
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.