Inicio Críticas películas La leyenda del pianista en el océano

La leyenda del pianista en el océano

Dirección y Guión: Giuseppe Tornatore (Basada en “Novecento” de Alessandro Baricco) Música: Ennio Morricone Intérpretes: Tim Roth, Pruitt Taylor Vince, Melaine Thierry, Bill Nunn, Peter Vaughan

Pianista de sentimientos

TORNATORE es consciente desde hace algunos años de la gran relevancia de Cinema Paradiso, la película que en 1988 le lanzó a la fama y al Oscar. Sabe que esta película agravó en Hollywood el «complejo europeo» y fue entendida como un antídoto al cine esquemático y deshumanizado de Estados Unidos. Habiendo visto de qué forma su pequeña película daba pie a los grandes monumentos cinematográficos más recientes, hijos perfectos del cruce Europa-Hollywood (El paciente inglés, El cartero y Pablo Neruda, La vida es bella, etc.), se preparó para asumir dignamente su papel con una película en la que lo pequeño y lo magnífico se dieran la mano, en la que lo íntimo y lo espectacular se hicieran compatibles. De esta intención surgió La leyenda del pianista en el océano, la relación entre un hombre pequeño (Tim Roth, símbolo del hombre kafkiano moderno) y la magnitud del océano, entre el valor cotidiano de una vida sin alcance y lo extraordinario del momento de cambio de siglo en el que se sitúa la película.

- Anuncio -

La leyenda del pianista en el océano se beneficia del diseño de producción del cine norteamericano -sello principal del cine de los últimos años-, de su puesta en escena y de su ritmo, pero, en oposición, el Tornatore europeo se detiene en lo particular y anecdótico, en el momento suspendido por la contemplación de los personajes. Y es en este sentido en el que la partitura de Morricone se adhiere a la película creando un tiempo alargado y plano, un tiempo interior, del que sólo se despierta cuando el piano pide protagonismo, siempre bajo la forma de ragtime.

Tornatore representa una pequeña historia de relaciones entre personas solitarias, con el gran fondo de la Historia de principios del siglo XX. La imagen del arte, de la música, como aquello que sirve a la vida o que se sirve de ella, describe muy bien las contradicciones de la época; el individuo frente a la masa; el valor de la revolución industrial frente a la opresión de los obreros; la ópera y la música jazz; etc.

Hay algo de extraño en este intento de aunar el cine de género (histórico) y el cine intimista; uno no sabe en qué dimensión se encuentra, si en la de la Historia o en la de la historia: sólo la música guía al espectador en el paso de lo intemporal a lo histórico, del momento detenido a la acción, pues a Tornatore el plano general se le vuelve opaco e insípido a pesar de la magnitud de los decorados, frente al poder de los rostros de los protagonistas ¿actores o decorados?

Fernando Infante