La niña santa: Más bien, pava

La niña santa | La directora argentina Lucrecia Martel (Salta, 1966) repite el clima de su primer y notable largometraje La ciénaga: indolente y perezoso, sensual, un ámbito materialmente desordenado, sucio… En La ciénaga esto tenía sentido, en la nueva película, que se desarrolla en un hotel, el desorden material y la suciedad lo tienen mucho menos.

La niña (protagonista) no es piadosa, es más bien estúpida, como algunas niñas en la edad del pavo, con un caos en la cabeza que da jaqueca. La propuesta escrita en el programa de mano (la vocación religiosa como tema) es algo tan desmedido para esta película como para el Bobo de Coria comprender la «Crítica de la Razón».

Ese desamparo «inmenso y maravilloso» debido a una suerte (¿?) de pérdida de la fe se reduce a que la madre (atea práctica) de la niña pava le riña -con desgana- por recitar de manera automática, sin comprenderlas, oraciones aprendidas de memoria.

La cinta fue nominada a la Palma de Oro a mejor película en el pasado Festival de Cannes, reconocimiento que fue otorgado a Fahrenheit 9/11, de Michael Moore. Demasiado reconocimiento para una historia mediocre.


La niña santa

Argentina, 2004

Ficha Técnica

Fotografía: Félix Monti Montaje: Santiago Ricci Música: Andrés Gerszenzon Distribuidora: Nirvana

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