La posesión de Emma Evans: Jugar con fuego

La posesión de Emma Evans | Una obra menor, pero interesante, una de las pocas que tratando el tema de la posesión diabólica, asustan.

Emma Evans, quince años y con un «pavo» desmesurado, muestra su rebeldía de manera exagerada, incluso para una joven londinense. De hecho su familia empieza a inquietarse ante algunos de los síntomas que manifiesta la niña, hasta el punto de que, aún siendo ateos, aceptan hablar con un sacerdote, hermano de la madre de Emma. Éste sospecha que hay una posesión diabólica.

En los últimos años los cineastas españoles se están luciendo en el cine de terror, tanto en las producciones nacionales como rodando fuera. Recuerden títulos tan recientes como Buried, La casa de cera, La otra hija, REC, … y ahora viene Manuel Carballo (El último justo) con otro caso de posesión diabólica, esta vez, bien hecha.

Carballo no se complica la vida, sabe que el género diabólico, tras El exorcista, derivó en una serie de gamberradas llamadas thriller sobrenatural, que terminaban combatiendo al diablo con metralletas y haciendo reír. Para evitar ese riesgo y poder tratar el tema con la seriedad necesaria, emula a su modelo; en primer lugar dosifica la información de modo sugerente: las manifestaciones de Emma son cada vez más inquietantes, pero nunca obvias; en segundo lugar la familia es incrédula; además el sacerdote, parte más débil del guión, tiene problemas.

Durante setenta minutos la historia funciona, interesa, asusta y está bien rodada. Sólo el desenlace va a menos, porque el guión se embrolla y cae en incoherencias. Aún así es espectacular y tiene un mensaje explícito sobre tener negocios con el diablo…

La seriedad del tratamiento.

El desenlace.

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Reseña
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Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.