La ventana de enfrente: Mejor no asomarse

La gente necesita historias. Por lo general, las historias cumplen la misma función que la ciencia o la filosofía, que no es otra que la de aprovisionarnos para la vida. Cuando a uno le cuentan una buena historia -ya sea por medio del cine o de la literatura- debería salir del trance con la vaga sospecha de que algo ha cambiado para siempre en su interior. Hace dos mil trescientos años, los griegos llamaron a este fenómeno catarsis, y es sin duda uno de los más dulces y necesarios placeres que a los seres humanos nos ha sido dado experimentar.

La última película del director turco de 45 años Ferzan Ozpetek (Haman, el baño turco, El hada ignorante) nos cuenta la historia de Giovanna, una pluriempleada ama de casa que siente que a su vida le falta algo. El inesperado encuentro con un desmemoriado anciano le hará replantearse la naturaleza de los sentimientos que la unen a su marido y avivará su interés por el misterioso individuo que suspira por sus huesos al otro extremo del patio de vecinos.

Esta producción viene con cinco premios David Di Donatello en el bolsillo (el equivalente a los Goya españoles), pero lo cierto es que no termina de convencer. Cuenta con unas actuaciones más que correctas (a destacar el trabajo de la bellísima protagonista), una dirección ingeniosa y una banda sonora bastante pegadiza. No obstante, es la historia -o mejor dicho, la forma de contarla- lo que le hace a uno salir del cine con la peor de las sensaciones posibles: la indiferencia.

A nivel narrativo, el personaje de Giovanna no encuentra en ninguno de los secundarios una oposición firme a sus intereses. Esta circunstancia redunda en un conflicto que se diluye por momentos. La protagonista hace y deshace a su antojo, y en ningún momento se nos hace partícipes de lo que podría perder a causa de sus decisiones. Por su parte, el desenlace -y esto sí es grave- se produce de forma totalmente ajena a sus acciones. Muy bonito, pero extraterrestre. Imaginen una estrella de plástico dorado sobre un abeto recién cortado: eso es el desenlace de La ventana de enfrente.

Existen muchas clases de historias. Algunas nos gustan, y no sabemos por qué. Otras no nos gustan, y tampoco podemos encontrar el motivo. Por lo general, el factor determinante suele ser el oficio. Este arte tiene mucho de ese otro que es la arquitectura; son muchos los elementos que hay que ajustar entre sí para producir un resultado sólido y universal. En este sentido, La ventana de enfrente encuentra su principal defecto: a poco que sopla el viento, se le ven hasta las vergüenzas.


La ventana de enfrente (La finestra di fronte, 2003)

Italia/Reino Unido/Turquía/Portugal, 2003

Ficha Técnica

Fotografía: Gianfilippo Corticelli Montaje: Patrizio Marone Música: Andrea Guerra Distribuidora: Vértigo