La vida (C’est la vie): Se muere como se vive

La vida (C’est la vie) es una película de casi dos horas convenientemente sólida y valiosa. Sólida por el tema tratado: la inevitable muerte, y la familiarización del ser humano con ella; y valiosa porque lo es su lenguaje cinematográfico, su discurso visual, el modo de presentar esa realidad.

Bien es cierto que el guión y diálogos están basados en una obra literaria importante y también valiosa: La muerte íntima, de Marie de Hennezel (Plaza y Janés), que presenta la vida como un precioso don, que se acaba; y que hay que disfrutarlo hasta el final, con alegría tanto en el sufrimiento como en el bienestar. Nada de indignas eutanasias, nada de cobardes suicidios insensatos. La adaptación al cine, sin cambiar el mensaje, presenta un ambiente y un clima, como son en general en Francia: un ambiente y un clima católicos.

En una clínica situada en medio de un exuberante arbolado, son atendidos unos enfermos terminales; no todos deben guardar cama. La clínica es alegre; tiene aspecto de hogar de familia, tanto es así que se llama «La Casa»; pero sobre todo es alegre el espíritu de esa institución: médicos y enfermeras, personal de servicio, transmiten en todo su quehacer sencillez, naturalidad en el trato, y cariño. Hay un estímulo para que todos sean útiles y atiendan a los demás, lo que impide a los enfermos caer en obsesiones o en una deprimente melancolía. Dentro de las variadas historias individuales o, mejor, de los breves tratamientos individualizadores de los distintos y muchos personajes, cobran especial relieve desde el principio una enfermera voluntaria (Sandrine Bonnaire) y un solitario enfermo terminal (Jacques Dutronc) y su peculiar relación amorosa. Ambos sobresalientes.

La vida: El dolor también juega

Esta alegría antes aludida en «La Casa» cobra relieve y consistencia en la dirección de actores: los que interpretan a las enfermeras y personal de servicio lo hacen con renovada dedicación sin el menor asomo de rutina o desgana, y sin caer en un angelismo que no es posible. La muerte no sólo acecha sino que están tremendamente presentes e hirientes las huellas de enfermedades graves, y presente y habitual la muerte. Escenas duras, a veces casi insoportables, se alternan con escenas festivas, como preparadas por quien sabe bien -sea enfermero o enfermo- que atender a otro enfermo, darle cariño, tener paciencia con sus crisis de miedo o desaliento, y hasta con sus manías, no es tarea fácil, ni cómodamente espontánea, sino esforzada tarea voluntaria, renovada libremente día a día.

Esta alegría, que es imagen llena de color, es también imagen gris llena de lluvia, porque es alegría verdadera, sedimentada en el dolor aceptado como parte de la vida.

Ficha Técnica

  • Argumento: sobre el libro ‘La Mort Intime’ de Marie de Hennezel
  • Fotografía: Yves Vandermeeren
  • Montaje: Martine Giordano
  • País: Francia
  • Distribución: Vértigo Films

 C’est la vie, 2001

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