La vida de nadie: Mentiras arriesgadas

Películas como esta primera de Eduard Cortés (opta a tres premios Goya, al director novel, a la mejor actriz –Adriana Ozores– y a la actriz revelación –Marta Etura-) son una sorpresa bastante agradable. Puede tener sus pegas (le cuesta acabar, es a ratos un poco recurrente en su afán por encajar todas las piezas del relato siguiendo la moda Shyamalan) pero es una película sólida, novedosa, con empaque y magnífica factura, que cuenta una historia muy sugerente, de inquietante vigencia en nuestra sociedad de la apariencia y las primeras impresiones.

Tras una larga experiencia como realizador de programas musicales en la cadena autonómica TV3, Eduard Cortés (Barcelona, 1959) debuta en el largo con una historia que parte del affaire Romand, una historia real, que contaron Laurent Cantet en El empleo del tiempo y Nicole García en L’adversaire, con Daniel Auteil como protagonista. Una coincidencia, que el productor, Pedro Costa (La buena estrella), no tiene inconveniente en reconocer.

La vida de nadie, de Eduard Cortés
La vida de nadie, de Eduard Cortés

La vida de nadie es la historia de gente que da vida a un monstruito, que tras una continúa y metódica alimentación, va creciendo hasta convertirse en todo un señor monstruo, pantagruélico e insaciable que parece dispuesto a zamparse a su mismísimo papaíto poniendo como patatitas en derredor a deudos y amistades del interfecto. En La vida de nadie, el monstruo se llama mentira y afán de aparentar y su padre es Emilio Barrero, economista del Banco de España, a punto de arribar a los 40, casado con una hermosa mujer que le quiere con una ternura conmovedora, padre de un crío para el que su padre es Superman, amigo de sus amigos que le confían sus dineros, hombre agresivo y enérgico, guapo y con Audi.

Cortés ha construido una película implacable, que se te atora en la garganta (vaya secuencia incómoda la del encuentro CoronadoEtura en el Banco de España, o la de la tirada de tejos a Adriana Ozores) y da bastante que pensar, porque todos hemos conocido historias semejantes. El guión, muy bien tramado -sobra un estúpido y molesto exhibicionismo sexual-, lo saben leer unos actores solventes, entre los que destacan una magnífica y creíble Adriana Ozores (premiada en la Seminci) y un Roberto Álvarez muy metido en su papel. La fotografía del gran veterano Alcaine, el preciso montaje y la música de Capellas están muy a tono.

Ficha Técnica

  • Fotografía: José Luis Alcaine
  • Música: Xavier Capellas
  • País: España
  • Año: 2002
  • Distribuidora: Enrique Cerezo
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Reseña
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Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor