Las aceras de New York: A la sombra de Allen con maneras televisivas

Los seis paseantes de las aceras que protagonizan esta película tienen problemas con el sexo, tantos que parece que las aceras solo sirven -no aparece un niño en toda la película- para conducirles de cama en cama y tiro porque me toca. Burns, que confiesa una formación católica -por lo que se ve no muy bien digerida-, pone en marcha un ingenioso pero no divertido carrusel para montar en los caballitos a seis personajes que dan bastante pena porque huelen a autómata neurótico y ególatra («Vivimos en una sociedad tan cómoda, sin amenazas reales, sin problemas de verdad» dice uno los personajes mirando a la cámara).
El cine de relaciones está de moda, quizás porque es barato y permite escribir cosas ingeniosas que después representarán los actores. La influencia de la narrativa televisiva propia de las soap operas y de las sitcoms es evidente en la cuarta película del neoyorkino Edward Burns, conocido como actor y ganador en Sundance 1995 con la primera película que dirigió y escribió, Los hermanos McCullen.
A pesar de las notables interpretaciones y de un elogiable acabado técnico, la película parece el episodio piloto de una serie de televisión.
El sexo como problema -parece decir Burns– no debe convertirse en espectáculo, y por ello no hay que mostrar su ejercicio. En este sentido, la película es deliberadamente contenida para poder explayarse en la crudeza verbal, servida al ritmo de un sondeo televisivo sobre los neoyorkinos y la cosa sexual. En su afán por ser ocurrente y original, los diálogos y declaradas se le vuelven artificiales a Burns. Las procacidades acaban resbalando al sufrido espectador, un poco harto de tanto mozalbete listillo e independiente que se coloca bajo el paraguas bobalicón de la devoción a Woody Allen y a la Gran Manzana para vivir del sex show bussines.
Quizás alguno pueda ver en películas como ésta una reflexión sobre la infelicidad generada por el big bang sexual. A mi me suena a falsete (Burns patinó cuando intentó el drama –No mires atrás– y vuelve a lo seguro) y a ganas de rentabilizar el efecto Allen (por cierto, la responsable del casting es Laura Rosenthal, la habitual de Woody). Me quedo con la inteligencia, el humor, y la hondura europeas de Italiano para principiantes.

 

Ficha Técnica

  • Fotografía: Frank Prinzi
  • Montaje: David Greewald
  • País: EE.UU.
  • Año:2001
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Reseña
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Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor