Las aventuras amorosas del joven Molière

País: Francia Dirección: Laurent Tirard Guión: L. Tirard, Grégoire Vigneron Fotografía: Gilles Henry Montaje: Valérie Deseine Música: Frédéric Talgorn Intérpretes: Romain Duris, Fabrice Luchini, Laura Morante, Edouard Baer, Ludivine Sagnier Duración: 120 m. Público adecuado: Jóvenes-Adultos Distribuidora: Golem Estreno: 16.XI.2007

Molière in love

Corría el año 1644 cuando, con apenas 22 años, el genial dramaturgo Jean-Baptiste Poquelin, más conocido como Molière, desapareció de la circulación durante varios me­ses, y hasta ahora ningún historiador ha sabido dilucidar en qué empleó ese tiempo. El director y periodista Laurent Tirard (Mensonges et trabisons et plus si affinités) utiliza esta excusa para construir junto al guionista Gré­goire Vigneron una elucubración sobre un supuesto episodio de la vida del autor de El misántropo, que acabaría por marcarle tanto que condicionaría el resto de su obra. La idea que plantea Tirard es que, acosado por sus acreedores, Molière se refugia en el castillo de un adinerado burgués (Fabrice Luchini), al que intentará ayudar a conquistar a su amante haciéndose pasar por un cura. Por el camino, y pa­ra liar más la historia, se enamorará de la mujer del burgués.

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La mejor virtud de la cinta es que, salvo en algunos desconcertantes momentos puntuales, apenas se toma en serio a sí misma. No se detiene en el mito, y deja espacio para que el espectador se recree con los fastuosos decorados de época y el espléndido ves­tuario de los actores. Tirard hace bien en huir de tratos reverenciales, y moldea acertadamente la trama y las situaciones de forma que parecen sacadas de una farsa concebida por el mismo Mo­lière (algunos diálogos, de hecho, es­tán sacados directamente de Tartufo). Re­cuerda a Shakespeare in love y a la recientemente estrenada La joven Jane Aus­ten, pero es mucho más insolente y cínica y, por qué no decirlo, más divertida.

Los intérpretes están todos magníficos, empezando por Romain Duris, que sabe mantener el equilibrio para que su personaje no resulte ni demasiado despreciable ni demasiado inaccesible. Y Fabrice Lu­chi­ni toma la medida a la per­fección a la personalidad bufonesca del burgués con pocas luces que intenta ascender en el escalafón social.

Al filme sólo le falta mantener regularidad en su conjunto. La historia decae sobremanera cuando se pone innecesariamente trascendental, intentando introducir una nota dramática al final, en el que el director ya no se mueve tan cómodo. Sólo sirve para distraer y restar coherencia a una película que se disfruta bastante en muchos momentos y que, cuando menos, se acerca al notable.