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Las confesiones del doctor Sachs

Si hace unos meses contemplábamos el impresionante relato de un profesor en Hoy empieza todo, de Bernand Tavernier, en esta ocasión el cine francés nos ofrece una historia con médico rural como protagonista, entregado a sus pacientes en una tarea vital, vocacional, que no admite descanso.
Michel Deville, veterano director galo, ha adaptado la novela de Martin Winckler construyendo un fresco humano de una intensidad narrativa sobrecogedora. La multitud de personajes con sus dolencias nos lleva a adentrarnos en el misterioso y complejo mundo del sufrimiento humano. Desde la mirada interior de los enfermos descubrimos cómo la dimensión más profunda del dolor está en el anhelo de ser escuchado, atendido, tratado con delicadeza más que en la propia afección somática.

Implicación personal con los pacientes

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El Dr. Sachs escucha, ahí radica en gran medida su eficacia terapéutica. Pero su excesiva implicación personal en los problemas de sus pacientes va deteriorando su estabilidad personal. El recurso a la escritura como mecanismo de evasión y de autoterapia no es suficiente. Su temor ante la necesidad de encontrar sentido al sufrimiento, no halla salida a la esperanza hasta que aparece el amor de Pauline y su demanda de compromiso para afrontar ese rechazo que Sachs experimenta a tener hijos, por miedo a verlos o hacerlos sufrir.
No hay realidad humana que incida tan directamente en nuestra intimidad como la enfermedad y la muerte, obligándonos, si no huimos, a encararnos con el fundamento mismo de nuestra existencia.
La sobriedad visual con la que la cámara capta, sobre todo, el rostro de los personajes, acentúa su verismo y humanidad, proporcionando una sensación de autenticidad que elimina cualquier concesión al artificio o al efectismo sentimental en un gran trabajo coral. Nece­sitamos más cine de este nivel.

Mariano Hernández-Barahona

Las confesiones del doctor sachs

País:Francia
Dirección : Michel Deville
Guión : R. Deville y M. Deville sobre la novela de Martin Winckler
Fotografía: André Diot
Música:Jean Féry-Rebel
Intérpretes: Albert Dupontel, Marie-France Santon, Marianne Groves