Leviatán [8]

Zvyagintsev emplea con ironía la imagen del monstruo bíblico que da nombre al libro de Hobbes para describir los vicios públicos y privados de la sociedad rusa actual.

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Dirección: Andrey Zvyagintsev Guion: Andrey Zvyagintsev, Oleg Negin Fotografía: Mikhail Krichman Montaje: Anna Mass Música: Andrey Dergachev Intérpretes: Vladimir Vdovichenkov, Elena Lyadova, Aleksey Serebryakov, Anna Ukolova, Roman Madyanov Duración: 141 min. Distribuidora: Golem Público adecuado: +18 años (VX)

Leviafan. Rusia, 2014. Estreno en España: 1.1.2015 

 

Un Job contemporáneo

Que pese al ocaso de las ideologías y la caída de los dictadores la maquinaria burocrática estatal continúa apisonando las libertades individuales nos hablaba Damián Szifrón con buena dosis de sarcasmo en sus Relatos Salvajes, a través del personaje que interpretaba Ricardo Darín.

Sobre este drama, de proporciones superlativas en el caso de la postsoviética Rusia, y sobre la historia de un nuevo Job al que la fatalidad y los poderes corruptos le arrebatan todo, dirige con maestría Andrey Zvyagintsev (Elena, El regreso) Leviatán: una sátira y una denuncia sobre la corrupción de los poderos públicos de profundo calado y poderosa fotografía que ha merecido el premio al Mejor guión en Cannes y el Premio a la fotografía en Sevilla.

Como en sus anteriores películas, el director ha recurrido a su equipo habitual: Oleg Negin, con un guión fluido como el mar, capaz de remansarse y desbordarse; Andrey Dergachev en la música y Mikhail Krichman a la cámara, que en su sobriedad y grandeza crean una atmósfera de impotencia. También repite actriz, una sobresaliente Elena Lyadova.

El Job contemporáneo es Kolia, un mecánico que vive con su mujer y su hijo adolescente en una antigua y destartalada casa familiar ubicada en un enclave único a orillas del Mar de Barents y que al alcalde del pueblo se le antoja para construirse una mansión de lujo con la connivencia de todas las fuerzas vivas del lugar. Y Kolia, que es también David frente a Goliat, decide presentarle batalla pertrechado –como quien porta una onda- del armamento de la razón jurídica, en la persona del abogado Dmitri, antiguo camarada del ejército.

Pero Leviatán, la bestia marina del Antiguo Testamento, es poderosa e insaciable, como el mar de Barents, capaz de tragarse las legítimas aspiraciones de un hombre por modestas que sean. Leviatán es también el título de la obra de Hobbes que describe al Estado como el monstruo creado por los hombres, fruto del pacto social, para frenar la competencia y violencia de los individuos –“homo homini lupus”. Zvyagintsev lo emplea con ironía para titular su película y describir los vicios públicos y privados de la sociedad rusa actual, con tanta libertad como elipsis (magistral la secuencia de tiro en el campo utilizando como blanco unos cuadros antiguos de líderes soviéticos).

Nadie queda impune: ni la policía, ni los jueces, ni falsos representantes de la iglesia ortodoxa que justifican su ansia bajo la excusa del “todo poder procede de Dios”, ni la pequeña comunidad social –amigos y familia- donde el alcohol, la infidelidad y la violencia hacen estragos pero hay un resquicio para el reconocimiento de la culpa y el perdón.

Hay una clave profundamente fatalista, trágica y desesperanzadora en Zvyagintsev. La pone en boca del sencillo pope a la pregunta quejosa de Job-Kolia cuando ya no puede más: “¿Dónde está tu Dios misericordioso?”. A lo que el pope responde: “No hay sobre la tierra quien se le parezca”. Buscada la expresión, resulta ser una cita: Job 41: 33-34, pero no se refiere a un Dios incomparable sino a Leviatán y a su maldad: “No hay sobre la tierra quien se le parezca./Animal hecho exento de temor./ Menosprecia toda cosa alta;/ es rey sobre todos los soberbios”. Así pues, solo cabe agarrarse a la cita, a la condición de criatura de este terrible Leviathan, y al final de la historia bíblica.

Cristina Abad

Cristina Abad
Cristina Abad
Periodista. Máster en Guion, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad de Sevilla