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Lo dejo cuando quiera

Crítica de la película

El guion sigue el manual, hay situaciones graciosas y otras que no lo son tanto. Lo mejor: intenta no ser chabacana

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Lo dejo cuando quiera

· Denunciar en clave de humor, como lo hace Lo dejo cuando quiera, la precariedad del empleo de intelectuales preparados, y en particular de los profesores asociados, está bien.

Con las drogas no se juega

Pedro, Arturo y Eligio, amigos de toda la vida, estudiaron con seriedad, evitaron fiestas y desmadres para terminar los estudios con brillantez. A ese respecto les ayudó el ser unos sositos de manual. Diez años después de su graduación, y con ayuda de la crisis, se encuentran con que están en la miseria, y socialmente muy poco valorados. Mejor portarse mal.

Carlos Therón (Fuga de cerebros 2) y sus guionistas tienen varios aciertos, y también diversos fallos. Denunciar en clave de humor la precariedad del empleo de intelectuales preparados, y en particular de los profesores asociados, está bien. Pero la conclusión que saca -y no ofrece otra- es que el esfuerzo no paga nunca, que es mejor dedicarse al crimen y al desmadre, Breaking Bad es el modelo a seguir por los intelectuales que, por lo demás son unos cretinos. En la pantalla ninguno de los tres es creíble en el papel de estudiante responsable, sí en el de frívolos cierra discotecas.

El guion sigue el manual, hay situaciones graciosas y otras que no lo son tanto; intenta no ser chabacana; en general resulta entretenida pero no para quien tenga algún familiar cercano con problemas de drogas, no es sano trivializar el consumo de pastillas.

Reseña Panorama
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.