Los abrazos rotos: Realmente «Matador»

La última y esperada película del director manchego ha tardado tres años en fraguarse. Con Volver nos había dejado un regusto agradable junto con una expectativa -mínima conociendo su trayectoria, pero al fin y al cabo alguna expectativa- de cierta superación formal y de contenidos. Pero definitivamente Almodóvar nos ha puesto de bruces con su cruda realidad: va de frenazo y cuesta abajo.

Nos vende su película más cara (15 millones de euros) y de más dilatado rodaje como un thriller emocionante y terrible, «una historia de amor loco, dominada por la fatalidad, los celos, el abuso de poder, la traición y el complejo de culpa… y bla, bla, bla». Después de verla, la única fatalidad que se siente es la cinematográfica, en casi todos sus elementos.

El guión es ramplón hasta decir basta, evoluciona dando saltos desproporcionados y en ocasiones incoherentes, por lo que en ningún momento involucra realmente al espectador en la trama de pasiones desenfrenadas de odio, amor, etc. Por otra parte, la cinta no logra despegarse de un intenso sabor hortera, de nuevo rico dispuesto a lucir sus compras en El Corte Inglés…

Almodóvar, que ha destacado siempre por una estupenda dirección de actrices, ha fracasado habitualmente, sin embargo, en los personajes masculinos (el ejemplo más reciente, La mala educación). Con esta cinta es como si intentase sacarse la espina, dando más protagonismo y profundidad al llamado sexo fuerte. El resultado es doblemente negativo porque las mujeres tampoco convencen, con unos personajes estirados hasta perder la frescura. ¿Dónde se quedó la Penélope de Volver? Blanca Portillo, mejor, remata mal la jugada gracias (mejor, por desgracia) al monólogo final que le endilga un empalagoso y sensiblero Almodóvar.

Quizá las secuencias más convincentes sean las de Chicas y maletas, película cómica que dirige el protagonista, inspirada libremente en la exitosa Mujeres al borde de un ataque de nervios (las mil y una autocitas de la filmografía de Almodóvar -perdón por las minúsculas- son para meterse debajo de la butaca. No imagino a Clint Eastwood en ese plan, la verdad).

El delirio mitómano se apodera del culebrón, con un uso de la sublime Te querré siempre (Viaggio in Italia) que causa sonrojo mientras el fantasma de Sirk huye despavorido diciendo a mí que me registren. Por lo demás, no hay nada nuevo en la estética cromática, la planificación, la música, etc, etc. Pues eso, etc.

Ficha Técnica

  • España, 2009
  • Rodrigo Prieto
  • José Salcedo
  • Alberto Iglesias
  • Warner
  • 130 minutos
  • Adultos
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Reseña
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Profesora universitaria de Cine Español y Estética Musical. Directora Grado Comunicación en Centro Universitario Villanueva