Los espigadores y la espigadora

Los espigadores y la espigadora
Los espigadores y la espigadora

Los espigadores y la espigadora

Godard creía que existían varias maneras cinematográficas: «Como Jean Renoir y Robert Bresson, que hacían música», o «como Sergei Einsenstein, que pintaba», o incluso «como Alain Resnais, que hacía escultura». En la línea del cineasta ruso, Los espigadores y la espigadora supone la recuperación del realismo pictórico del XIX. Las creaciones de Jean François Millet, Jules Breton o Léon L´Hermite influyen decisivamente en Varda, comoPiero della Francesca en Godard con sus pinturas escultóricas.

Los personajes recogedores y recolectores de algunos cuadros de estos pintores son objeto de la búsqueda contemporánea de Varda, que echa mano de su trayectoria fotográfica («yo soy fotógrafa y sigo siéndolo… es más bien una forma de ver») y del amor por la pintura que le transmitió su marido (el fallecido cineasta Jacques Demy), para capturar imágenes que aúnan la realidad con la poesía. Varda logra un estilo personal al margen de convencionalismos, dibujando plano a plano una realidad marginal, donde los colores y las emociones palpitan ante su cámara digital.

No es nuevo el detenimiento de Varda en la contemplación del ser humano. En Cleo de 5 a 7, la reinterpretación del mundo desde la perspectiva de una mujer acechada por la muerte se convierte en un grito reflexivo. En Los espigadores y la espigadora, la combativa personalidad de la directora se impone porque es ella misma la que siente la necesidad de gritar a una sociedad que no es capaz de ver. Varda nos lleva de paseo por París (como a la protagonista de L´Opera Mouffe), conservando la frescura de su La pointe courte (la película de 1954 que le mereció la consideración de abuela de la Nouvelle Vague).

Primavera del cine documental

Como Louis Delluc en los años 20, Varda se dirige a la sociedad y al hombre que vive en ella. El film muestra una transformación de las relaciones humanas marcadas por el egoísmo, donde prevalecen los valores materialistas y consumistas. Una realidad poco edulcorada que se entremezcla con la ficción (dualidad también patente en Cleo de 5 a 7), apostando por una visión sencilla y amable, como la gente que retrata.

En Los espigadores…, Agnès Varda nos traslada lo mejor del espíritu de la Nouvelle Vague, esas películas que inventaron con valentía su propia forma de mirar cinematográficamente al mundo, en vez de adaptarse al estándar reinante. Agnès se convierte en una espigadora que aprende a recoger sus propias emociones y a aceptar la vida tal y como es. En sólo dos semanas más de 100.000 espectadores acudieron a los cines franceses a empaparse de las reflexiones de esta cineasta, que se llevó el Premio Arte al Mejor Documental Europeo 2000, el Hugo de Oro en el Festival Internacional de Chicago, y el César de Honor en 2001. Puede que lo más significativo sea que más de 100 ciudades de 50 países hayan rendido homenaje en 2001 a la directora, proyectando ciclos retrospectivos. Un reconocimiento merecido que la directora no esperaba, con esa humildad que la ha caracterizado durante toda su carrera.


Los espigadores y la espigadora (2002)

País: Francia Dirección y Guión: Agnès Varda Fotografía: S. Krausz, D. Rouget, D. Doussin, P. Sautelet Música: Joanna Bruzdowicz Montaje: Agnès Varda