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Los lunes al sol

País: España Dirección: Fernando León de Aranoa Guión: Fernando León, Ignacio del Moral Fotografía: Alfredo Mayo Montaje: Nacho Ruiz Capillas Música: Lucio Godoy Intérpretes: Javier Bardem, Luis Tosar, José Ángel Egido, Nieve de Medina, Enrique Villén

Estreno en España: 27 septiembre 2002

Mucho Bardem

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León (Madrid, 1968) se estrenó en el largo con Familia (1996) que le valió el Goya a la dirección novel. Barrio (1998) le trajo el Premio a la mejor dirección en San Sebastián, el Goya en esa misma categoría y una mención especial de la Fipresci.

Los lunes al sol, producida por Querejeta, el tipo más premiado en los 50 años de Donosti, es una película de abundantes méritos, a la que algunos achacan un guión excesivamente situacional, menos urdido que el de Familia.

En San Sebastián, los enviados especiales de FILA SIETE hemos podido comprobar que la película -proyectada en la Sección Oficial- encandiló al público (llenazo espectacular y vibrante en el Kursal) y a la crítica (la rueda de prensa entregó por adelantado la Concha de Oro, con permiso de Adolfo Aristaráin y sus Lugares comunes).

Vayamos por partes. Primero algo de la historia, que se desarrolla en una ciudad del norte de España, costera, voluntariamente innominada, que hace ya tiempo dio la espalda al campo y se rodeó de industrias que la hicieron crecer desproporcionada, a empujones, que la alimentaron de inmigración y trabajadores, y dibujaron para ella un horizonte de chimeneas, de aristas y esperanzas, de futuros desarraigos. Un grupo de parados, hombres ya maduros que cada día se dan cita en el bar que ha montado uno, que como ellos fue despedido del astillero e invirtió allí los millones de la indemnización. Miedo y desvalimiento de larga duración, que afrontan cada cual a su manera, haciendo de su amistad una trinchera donde resistir.

León sabe rodar, sabe contar, sabe dirigir actores. Muy destacable es la interpretación de Javier Bardem, en un bellísimo recital de cómo oxigenar un personaje, para el que ha inventado un acento y un modo de hablar que huele a norte sin ser ni gallego, ni astuariano, ni vasco. Los diálogos son muy buenos y Bardem destapa una vis cómica arrolladora que encandila al espectador y le hace olvidar la unilateralidad de un guión que por buscar la redondez estética se abona a un derrotismo desolador, excediéndose en el retrato de una cerrazón de oportunidades.

La música de Godoy, discreta, renuncia al vigor de lo sinfónico para expresarse con el intenso minimalismo lírico de tres o cuatro instrumentos a lo sumo. Alfredo Mayo se luce especialmente en la fotografía de exteriores (espléndidas las secuencias en el trasbordador) y Ruiz Capillas vuelve a demostrar que es el montador nº 1 del cine español.

Cine de altura, coral, de decorado social más que directamente social, de magníficos personajes, dotado de una comicidad deudora del humor doliente de las grandes películas de Vittorio de Sica, sin el planfletario, pelma y evidente discurso político del bueno de Loach.

Alberto Fijo

 

Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor