Los muertos van deprisa: Costumbrismo gallego

Ángel de la Cruz, director y guionista de El bosque animado, vuelve a cantar su cariño a Galicia con Los muertos van deprisa, una comedia disparatada que, como sus películas de animación, está mal acabada. Irene (Neus Asensi), es una camionera que pasa por un pueblo gallego para cargar percebes. Llega cuando están a punto de enterrar al viejo Cándido, padre de Filomeno (Chete Lera), cacique local permanentemente enfadado. Irene, mal guiada, atasca el camión en medio del pueblo, bloqueando el paso de la iglesia al cementerio. El tiempo de espera le permite conocer a todo el mundo, con sus manías y secretos.

Una vez más, De la Cruz tenía todos los elementos para hacer algo brillante, y se vuelve a quedar en grado de tentativa: falta ritmo, falta gracia, sobran minutos y fuegos artificiales.

En el reparto, además de Asensi y Lera, rostros más que reconocidos en el panorama gallego como los de Manuel Manquiña, María Castro, Belén Constenla, Sergio Bermúdez, Xosé Manuel Olveira ‘Pico’ o Gonzalo Uriarte.

Sinopsis

Irene (Asensi), una camionera que va a recoger marisco a un pueblo de la costa gallega, se queda atascada con su camión en un puente, impidiendo el paso al cementerio el día en que van a enterrar al patrón mayor de la cofradía de mariscadores. Esa circunstancia hace que salgan a flote las viejas rencillas y diferencias entre los vecinos, lo que altera la habitualmente tranquila vida del pueblo.

Ficha Técnica

  • País: España (Os mortos van á presa, 2009)
  • Fotografía: Suso Bello
  • Montaje: Mercedes Alted
  • Música: Arturo B. Kress
  • Duración: 105 min.
  • Público adecuado: Jóvenes-adultos
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Reseña
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Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.