Lost River [5]

A Gosling no le importa que su película demuestre a las claras sus referencias, como el dichoso alumno no teme exhibir lo bien que ha asimilado las clases que ha recibido de sus maestros.


5Dirección y guión: Ryan Gosling Fotografía: Benoît Debie Música: Johnny Jewel Intérpretes: Christina Hendricks, Saoirse Ronan, Iain de Caestecker, Matt Smith, Eva Mendes, Ben Mendelsohn, Barbara Steele, Reda Kateb

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Duración: 95 min. Distribuidora: Betta Público adecuado: +16 años (VD)

USA, 2014. Estreno en España: 17.04.2015

Trabajo fin de master

En un pueblo remoto, una madre acosada por las deudas empieza a trabajar en un local de espectáculos truculentos. Mientras, su hijo mayor -agobiado por la situación de la familia- trata de deshacer la maldición que parece pesar sobre el pueblo.

El actor Ryan Gosling debuta con esta extraña historia que bascula entre la ciencia ficción, el drama intimista y el cine de terror. Más que opera prima parece un -meritorio- proyecto fin de Master de una Escuela de cine. A Gosling no le importa que su película demuestre a las claras sus referencias, como el dichoso alumno no teme exhibir lo bien que ha asimilado las clases que ha recibido de sus maestros.

El actor americano construye su película cosiendo retazos del cine de Lynch, de Widding Refn, de Cronenberg o Leo Carax. Lo que sale de esta colcha de patchwork es una película visualmente muy poderosa rodada en rotundo claroscuro en la que las explosiones de color -luces de neón, bombillas, fluorescentes o explosivas luciérnagas- son los únicos que sacan -a ratos- al espectador de una profunda noche de pesadilla, que eso es Lost River.

Otra cosa es que la estética -que si no fuera prestada podría parecer radical- envuelva algo más que humo. Gosling no consigue dar consistencia a la narración en ningún momento. Personajes, acontecimientos, diálogos vagan por la película sin dirección ni sentido alguno.

Todo es etéreo, inconcluso y arbitrario. La lógica narrativa es apenas inexistente y la carencia de argumento se trata de compensar a través de un excesivo subrayado de una atmósfera malsana y, en ocasiones, ultraviolenta y -afectadamente- gore. Lo dicho: un trabajo más final de carrera de un alumno que se cree brillante pero que todavía tiene que demostrar que lo es.

Ana Sánchez de la Nieta