Lourdes

Ganadora del Festival de Cine Europeo de Sevilla, la tercera película de la austríaca Hausner hubiera gustado mucho a Dreyer. Menudo elogio.

Lourdes, 2009  País: Austria/Francia/Alemania Dirección y Guión: Jessica Hausner Fotografía: Martin Gschlacht Montaje: Karina Ressler Intérpretes: Sylvie Testud, Léa Seydoux, Bruno Todeschini, Elina Löwensohn, Gerhard Liebmann, Gilette Barbier 99 m. Jóvenes-adultos Distribuidora: Alta Classics Estreno: 26.3.2010

Lourdes, Hausner, milagro

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Difícil, arriesgada y, a mi modo de ver, ho­nesta. Jessica Hausner (Viena, 1972) es­cribe una sólida historia: la de un grupo de peregrinos entre los que destaca una mu­jer de treinta y tantos, Christine, que acu­de al santuario francés buscando alivio a su soledad, sin demasiadas esperanzas de ser curada de su esclerosis que la tiene atada a una silla de ruedas, cuadripléjica, nece­sitada de ayuda para todo lo que hace en la vida cotidiana. Voluntarios de la Orden de Malta acompañan al grupo.

Ganadora del cada vez más interesante Fes­tival de Cine Europeo de Sevilla, la cinta (el plano de apertura es una impresionante y sencilla lección de cine) es coherente con la postura de una persona, la directora y guio­nista, que habla de un tema -un miste­rio- que le interesa, que le apasiona, en gran medida porque no lo entiende, porque se le escapa: a partir del 11 de febrero de 1858 -como ella misma explica-, la Virgen Ma­ría se apareció dieciocho veces a Berna­de­tte Soubirous en la gruta de Massabielle en Lourdes. El primero de marzo de ese año, durante la décima aparición de la Vir­gen, Catherine Latapie, que se encontraba pre­sente en la gruta de Massabielle, resultó cu­rada de forma inexplicable de una parálisis en un brazo.

Dios es injusto. O no

Hausner, en buena medida, se mueve en unas categorías (véanse las sinceras declara­ciones adjuntas) naturales para afrontar lo sobrenatural: Dios es Dios y actúa a su ma­nera, querer imponerle nuestra lógica y ra­cionalizarlo todo (por qué ésta y no aquél, por qué ahora, por qué algunos recaen) conduce inevitablemente a la conclusión de que Dios es un ser caprichoso e injus­to. O no. Hausner ha rodado en el santua­rio (cosa muy infrecuente, que implica la aquiescencia de los rectores del mismo) con libertad y un tremendo respeto a la liber­tad de otros para creer y comportarse de acuerdo con unas creencias. Por eso ha habla­do también con eclesiásticos y médicos que han examinado a enfermos curados. Y me parece que su película es valiosa porque bus­ca, porque manda a paseo los aprioris. Co­mo ya lo hizo Dreyer en Ordet.

Aunque es únicamente eso, una película, una his­toria de las muchas posibles, con las ine­­ludibles miserias y ruindades humanas pre­sentes en cualquier sitio, magistralmente interpretada (Testud hace un trabajo por­tentoso), con una manera de relacionar a los personajes verdaderamente brillante. Y en ese sentido (es sólo una película), sería bastante tonto que alguno pensara que a Lourdes sólo va gente como la de la pelícu­la. Como en todos sitios hay de todo. Bien se encarga la propia Hausner de reseñar que en 2008 estuvieron allí 1.323.500 per­sonas, y el sitio está a tomar por saco, no es que pille de camino a ningún otro des­tino.

El austriaco Franz Werfel (Praga, 1890- Los Ángeles, 1945), un escritor judío liberal -que terminaría casándose en 1929 con Al­ma, la viudísima de Gustav Mahler, después de años de una relación que terminó con el matrimonio de la bellísima Schind­ler con Walter Gropius- visita Lourdes huyen­do de los nazis y algo le pasa: cuando lle­ga a Estados Unidos en el 41 escribe un li­bro magistral, que será adaptado por Geor­­ge Seaton en la homónima La canción de Bernadette, un peliculón del 9 dirigido por Henry King en 1943, candidato a 12 Os­car de los que ganó cuatro: Jennifer Jo­nes, actriz principal; Arthur Miller, fotogra­fía; Alfred Newman, música, y Basevi-Dar­ling-Little, dirección artística. Globos de Oro (prensa extranjera acreditada en Ho­lly­wood) a película, director y actriz.

Y quien ha llegado hasta aquí dirá: vamos, que me ponga el mono y vea las tres pe­lis (la tercera es Ordet) y lea los libros (el segundo, ya puestos, es una novelita sublime de Wer­fel titulada Una letra femenina azul páli­do, que junto a cosas de Roth, Ne­mi­rovs­ki, Gionó, Waugh y Zweig me parece de lo me­jor de la novela europea del segundo tercio del si­glo XX). Yes, yes, yes, yes, yes. You can.

Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor