Lucky break: Ladrones y humor

El cine británico ha encontrado una muy fructífera veta en la comedia social. A medio camino entre el lamentable maniqueísmo de Kean Loach y los hilarantes pero superficiales gags de Mr. Bean, el peculiar sentido del humor inglés se acomoda en una tercera vía (donde se sitúa Lucky break) que aúna simpatía y verdad, entretenimiento y drama.

Cuatro años después de su archiconocida Full Monty, Peter Cattaneo repite esquema: el proletariado de la Inglaterra industrial más gris sólo puede levantarse de lo más bajo apelando a la solidaridad y la imaginación. En este caso, dos ladrones muy chapuceros acaban en la cárcel, de donde intentarán escapar apuntándose como actores a un musical. Las anécdotas se suceden ante el evidente contraste de los rudos presos con las sutilezas de las bellas artes.

Respecto a su obra anterior, Cattaneo prima lo humorístico y sentimental -con feliz historia de amor algo forzada- sobre lo social, aunque el sistema carcelario recibe un importante varapalo. Pero persisten los mismos valores de fondo: la amistad y la solidaridad frente a un mundo adverso, cruel con los débiles.

Lucky Break, de Pteter Cattaneo
Lucky Break, de Pteter Cattaneo

El trabajo de los intérpretes vuelve a ser magnífico, con el protagonista James Nesbitt al frente de un espléndido plantel de secundarios con papeles como el de Christopher Plummer, un victoriano y bondadoso director de la cárcel que roza lo sublime. De las relaciones entre los personajes, sabiamente administradas con en el salero del humor por Cattaneo, surge la verdad, y de la verdad, la emoción. Hay un héroe absoluto (James Nesbitt), cuyo verdadero mérito será emerger desde la mediocridad inicial. Éste lidera a un grupo de fieles, cada uno con sus entrañables peculiaridades. Y, por supuesto, hay un malo, un policía terriblemente malo al que todos queremos darle su merecido.

Ficha Técnica

  • País: Gran Bretaña, 2001
  • Fotografía: Alwin H. Kuchler
  • Música: Anne Dudley
Reseña
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Ángel Peña
Profesor y periodista