Maktub

La sorpresa es que Maktub, además de ser un cuento de Navidad, una historia de buenos sentimientos y un interesante proyecto so­cial (Arango preside la fundación Ala­di­na para niños con cáncer, y parte de la recau­dación irá para ellos) es una buena película

Maktub

Paco Arango debuta con un melodrama emotivo que sortea las lágrimas -no las evita- con frescura.

Dirección y Guión: Paco Arango Fotografía: Carlos Suárez Montaje: Teresa Font Música: Nathan Wang Intérpretes: Diego Peretti, Aitana Sánchez-Gijón, Goya Toledo, Andoni Hernández San José, Rosa María Sardà Duración: 115 m. Público adecuado: +12 años Distribuidora: Warner

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España, 2011. Estreno en España: 16.12.2011

Cuento de Navidad

El productor de televisión Paco Arango se estrena en la dirección con una propuesta bastante arriesgada: contar la historia de un hombre en plena crisis vital que tropieza con un chaval enfermo que removerá los ci­mientos de su malherida existencia. Es arries­gada porque -sobre el papel- la historia tenía todas las papeletas de terminar sien­do un telefilme de sobremesa plagado de bue­nos sentimientos. Si además parte de la pe­lícula sucede en Navidad y se estrena por esas fechas, los riesgos son aún mayores.

La sorpresa es que Maktub, además de ser un cuento de Navidad, una historia de buenos sentimientos y un interesante proyecto so­cial (Arango preside la fundación Ala­di­na para niños con cáncer, y parte de la recau­dación irá para ellos) es una buena película, con sus fallos de opera prima -sobra me­traje y la acción se diluye a ratos- pero más que aceptable. Sorprende que un debutan­te haya sorteado muchos de los peligros que tenía a priori la cinta para rodar una historia dura, sí, pero sobre todo entrañable y muy divertida.

Y es curioso porque la receta es tan antigua y universal como la Navidad: un guión muy bien escrito, un cuidadoso trabajo de los personajes y unas buenas interpretaciones. Arango construye una sólida historia en la que el conflicto central no es el cáncer, sino la necesidad de cariño que tenemos todos los seres humanos. De paso, con fina ironía y mucha gracia, ati­za unas cuantas críticas a algunos de los dog­mas actuales de la modernidad defendien­do cuestiones tan políticamente incorrec­tas como la importancia de la unidad en la familia, el valor del dolor y el sacrificio por amor o las ventajas de la oración. Todo es­to sin ningún tono de sermón o moralina, al contrario, con una frescura que parece sa­lir de la propia vida real (que es de donde sale porque la historia del protagonista es la de un chico que conoció el propio Aran­go). Y hacer esto -hablar de valores en­treteniendo sin sermonear- es muy compli­cado. Los únicos que lo consiguen casi siem­pre son los de Pixar. En esta ocasión lo ha conseguido Arango.

Además de un buen guión y la rica compo­sición de los personajes, no sólo los prota­gonistas sino muchos de los secundarios, el éxito de la película se llama casting. Los per­sonajes adultos –Diego Peretti, Goya Toledo, Aitana Sánchez-Gijón y una inspi­ra­da Rosa María Sardà– demuestran su oficio para mantener el tono de una historia de­cididamente melodramática que no quiere caer en lo lacrimógeno, pero, sin duda, el gran descubrimiento es el chaval protagonista que lleva sobre sus espaldas la respon­sabilidad del largometraje y borda su pa­pel.

Maktub es de esas películas en las que uno ríe, llora, se emociona y sale del cine de­cidido a ser mejor persona. Visto lo que dan no es poca cosa.