Mapa de los sonidos de Tokio: Coixet en declive o el declive de la Coixet

La realizadora catalana Isabel Coixet ha cautivado a un amplio sector de la crítica y del público en varias ocasiones, primero con la inesperada Cosas que nunca te dije (1996) y después con otras dos estupendas realizaciones, Mi vida sin mí (2003) y La vida secreta de las palabras (2006), en las que dio lo mejor de sí misma.

Pero, tristemente -sí, muchos esperábamos a una directora de altos vuelos-, en 2006 tocó techo. Luego vino Elegy (2008), una película en la que preludiaba su decadencia. Mapa de los Sonidos de Tokio es su peor película, desde aquella fracasada Demasiado viejo para morir joven (1989).

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Hasta ahora habíamos apreciado el intimista y sensible mundo de Coixet, guste más o menos, según sensibilidades. Pero también hasta ahora nos habíamos encontrado siempre con películas pequeñas y más o menos equilibradas desde el punto de vista formal. ¿Qué nos desconcierta de esta última? A ver: Coixet es Coixet, y se le reconoce a la legua. Pero su película no convence, no llega, no interesa, porque sus elementos están bastante desajustados y son un puro artificio para entregarse al fervorín esteticista en una ciudad a la que Coixet manifiesta devoción.

Para empezar, y quizá éste sea parte del problema, Coixet abandona el drama realista y se adentra por primera vez en el cine de género: un thriller romántico. Y fracasa al desarrollar esta historia de amor -poco convincente y con diálogos simplones, hay mucho sexo pero amor lo que se llama amor…- entre Ryu, una chica solitaria que por el día trabaja con el pescado pero que por las noches gana un dinero extra como matona a sueldo, y David, un macho ibérico bajito y barrigón, al que ella debe asesinar.

Y no es de extrañar que ese guión también se haya visto dañado (fagotizado, casi) por el peso excesivo de una estética recargada, plato fuerte de la producción, que en demasiadas ocasiones trasciende el territorio de la sensibilidad para instalarse en la pedantería cursi y hueca. La fotografía a cargo de su ya muy conocido Jean-Claude Larrieu incluye panorámicas y planos cenitales para mostrar la grandeza de la ciudad de Tokio. Hay un estudiado y preciosista (se vuelve a pasar dos pueblos) uso del sonido, ganador en Cannes del premio al Sonido.

Por lo demás y como siempre, hay muchos elementos comunes a películas anteriores (esta mujer se repite demasiado). En lo material tenemos comidas, una lavadora y guiño autoreferencial (a su corto La Bastilla, nombre del hotel donde los protagonistas tienen sus encuentros sexuales, por cierto los momentos -bueno, un generoso minutaje- más burdos de la película, un porno que nadie se cree que sea iniciativa de Coixet, a menos que se le haya ido la pinza).

En lo formal, hay uso-abuso de la voz en off, canciones de pastosa melancolía de artistas como Antony and the Johnsons. Los temas no son nuevos: la muerte, la soledad, la incomunicación, el amor. La caracterización de personajes tampoco: mujeres fuertes, sufrientes, desengañadas, decididas y muy reservadas; hombres siempre a merced de ellas, tipos desequilibrados. Y todo muy con el aire de uno de sus directores preferidos, Wong Kar-wai.

Mapa de los sonidos de Tokio se estrena acompañada de una fuerte campaña de promoción. Lógico porque es una película muy minoritaria. Parece altamente improbable que Mr. Roures le gane dinero.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Jean-Claude Larrieu
  • Montaje: Irene Blecua
  • Música: Varios
  • Duración: 100 min.
  • Público adecuado: +18 años (XV)
  • Distribuidora: Alta
  • España (Map of the Sounds of Tokyo), 2009
  • Estreno: 28.8.2009
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