María Antonieta: El precio de la frivolidad

Presentado en el pasado Festival de Ca­­nnes, donde no dejó a nadie indiferente, el tercer largometraje de Sofia Coppola retrata su particular visión de un personaje histórico controvertido, amado y odiado a partes iguales, al igual que su película.

Que una cinta genere debate en estos tiempos de remakes y secuelas se me antoja, de entrada, muy favorable, pero las elecciones a la hora de reconstruir hechos históricos son variadas y conducen a resultados muy diferentes. La autora de Las vírgenes suicidas (1999) ha optado por planteamientos formales en detrimento de los ideológicos, y ya se sabe que estos suelen generar más incomprensiones que aquellos.

Arriesgada, por tanto, la decisión de separarse de los esquemas al uso de los filmes de época. No le faltaba presupuesto (unos 40 millones de dólares), ni apoyo (al nombre Francis Ford Coppola se abrieron las puertas del Palacio de Versalles), pa­ra hacer una minuciosa reconstrucción al estilo Barry Lyn­don (1975). En vez de eso, la Coppola ha optado por plantear una cinta de puesta en escena, sin encorsetamientos narrativos o históricos, y respetando siempre «como yo veo al personaje de María Antonieta», ha declarado.

Aquí la neoyorquina demuestra que, si no tiene el talento de papá para indagar en el reverso tenebroso de los acontecimientos, sí lo tiene pa­ra demostrar que ha nacido entre celuloide de muy bue­­na calidad. La reconstrucción estética de la pompa y decadencia versallesca es asombrosa, y el uso del decorado como personaje protagonista ha sido llevado hasta el extremo que ya apuntara con Lost in translation (2004). Tanto los vestuarios, obra de la oscarizada Mi­lena Canonero (Ca­­­rros de fuego, Ba­rry Lyn­don), como el diseño de producción resultan cuidados, hermosos y acor­des con los cortesanos tiempos de vino y rosas que se ve­rían más tarde salpicados por los sucesos históricos.

El deje modernete que desprende la cinta -des­­­de las referencias publicitarias, pasando por unas converse azul celeste, a la banda sonora con temas de New Order, The Cure…- po­­drá gustar más o menos, pero es muy respetable. Tampoco puede negársele ma­no en la dirección de actores: si en Lost in trans­lation brindó a Scar­­lett Jo­han­sson una de sus mejores interpretaciones, aquí ha­ce lo propio con Kirsten Dunst, que borda toda la evolución de la princesa aus­tría­ca.

Una evolución, por otro lado, que tiene tres par­tes bien diferenciadas. Una primera -probablemente la mejor-, más austera, nos cuenta la salida de María Antonieta de Austria como mero producto de intercambio matrimonial por razones de Estado. La segunda, estallido de luz y color, es la más pop y se adentra en las frivolidades a las que se consagró la reina para evadirse de sus problemas matrimoniales y de las incomprensiones y críticas suscitadas en la cor­­te francesa. Y una tercera -desde la primera maternidad de María Antonieta hasta la huida de palacio- que retoma la luz natural y la sobriedad que exigían los acontecimientos. El trayecto narrativo se encuentra sobresaltado por una imaginería desbordante, que trata de dar significado, también con la fotografía y con la música.

Si a todo lo anterior unimos una factura impecable, podríamos tener una grandísima película. María Antonieta lo sería si la opción por descontextualizar los hechos (sí queda de manifiesto la decadencia del régimen o el aislamiento en el que se hallaban del pueblo, no hay que olvidar tampoco que la reina ejerció una gran influencia política, o que impulsó a Luis XVI a oponerse a la revolución rehusando incluso acuerdos con los revolucionarios moderados) no pesase tanto en el resultado final, que se advierte un retrato histórico demasiado superficial y algo frívolo. Lo que hace perdurable una obra es también su profundidad y no sólo su belleza, y tal vez la cinta de Sofia Co­ppola tenga también su cita con la guillotina del tiempo.

Ficha Técnica

  • País: EE.UU.
  • Fotografía: Lance Acord
  • Montaje: Sarah Flack
  • Música: Brian Reitzell
  • Duración: 123 m. Adultos
  • Distribuidora: Sony
  • Estreno: 5.I.2007
Reseña Panorama
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Marta Romero
Crítico de cine