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Marina Abramovic: The artist is present

Un valioso documental sobre la performer yugoslava que hace que te preguntes por un montón de cosas interesantes y que quieras profundizar en ellas. ***

Dirección: Matthew Akers. Co-dirección: Jeff Dupre. Fotografía: Matthew Akers. Montaje: E. Donna Shepherd y Jim Hession. Música: Nathan Halpern. Distribuidora: Karma  Duración 106 minutos. Público adecuado: Mayores de 18 años (VX)

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EE.UU. 2012. Estreno: 8/2/2013.

Interesante, sugerente, inquietante

No conocía la obra de Abramovic, la performance no me interesaba demasiado. Un documental como éste, puede interesar a los profesionales de las artes plásticas. También al público con ganas de conocer el arte contemporáneo. No es el lugar para desarrollar con detenimiento lo que pienso sobre la obra de la ya sexagenaria  Marina Abramovic, de su papel decisivo en la consolidación de la performance como expresión artística.

Matthew Akers, con la producción de HBO, ha construido un sugerente relato en el que Abramovic explica su visión del arte, que de alguna manera, más que en ningún otro caso, se identifica con su vida. Una identificación que de una manera inquietante despliega un abanico de reacciones que van de la fascinación a la náusea.

El relato tiene como hilo la llegada de una retrospectiva de Abramovic al MOMA en el año 2010, con lo que eso suponía: dar carta de naturaleza a la performance como arte mayor, susceptible de ocupar tres plantas del museo de arte moderno más importante del mundo. Durante 3 meses, 750.000 personas se sentaran enfrente de una mujer inmóvil durante 7 horas diarias, seis días a la semana.

Lo que se cuenta es interesante y está muy bien contado. No deja de ser un manual de instrucciones hecho por el fabricante. Es decir, Abramovic tiene un dominio absoluto sobre lo que se cuenta en el documental y puede dar razón del sentido de lo que ha hecho, de lo que hace y de lo que quiere hacer en el futuro. Me parece muy bien. Pero siendo ecuánimes, hay que señalar que ella, que durante las primeras décadas de su trabajo usó la provocación (a veces de un estúpido verdaderamente subido) como elementos vertebradores de su expresión, ha decidido de acuerdo con los realizadores y productores que en este documental se logre que el espectador minimice esa dimensión llamésmola escandalosa y que quede integrada en el retrato de “una mujer que tenía un plan”, un plan que va más allá, que se libra de lo accesorio y busca lo esencial.

Dicen algunos que hay un tipo de arte que necesita una preparación concienzuda por parte del que va a entrar en contacto con él, para experimentarlo en vez de entenderlo. Y hay mucho de verdad en eso. Como la hay en que es difícil encontrar más charlatanería hueca que en un catálogo de una exposición de arte contemporáneo o en un reportaje sobre un artista de hoy.

Abramovic, fundida con su arte -que de alguna manera es un exorcismo y una oblación-, dice que en su obra hay etapas, y que la dimensión corporal ha dado paso al alma, a la dimensión espiritual.

Los interesados en Abramovic, en las artes escénicas que utilizan nuevos lugares y estrategias para el encuentro; en la mostración del arte y en las formas de exhibirlo; en la cosificación del ser humano en un contexto artístico para convertirlo durante una jornada de trabajo en una naturaleza muerta, tienen en este documental una cita interesante en la que lo más valioso no es lo que hace Abramovic, sino lo que sientes, lo que piensas sobre cuestiones relacionadas con la estética y las teorías de la representación.

Un botón de muestra y acabo: Abramovic, perpleja heredera vital y artística del materialismo marxista que hace de su itinerario vital un manifiesto artístico voluntariamente efímero y tremendamente ambiguo, impone una especie de dictadura del “artistariado”en los espacios cuasi sagrados donde ella misma o sus discípulos se exponen: por lo general y paradójicamente, esos nuevos templos son los santuarios del capitalismo gafapastil, donde se habla bajito y se rinde culto  a la Cultura con una unción llamativa, previa cola y paso por taquilla. Riádas de fieles burgueses que, pérdido el sentido de lo sacro, temerosos del silencio creador, siempre con sus casquitos puestos hasta para ir al cuartito, se someten a la liturgia de Abramovic con una suerte de unción que da que pensar.

Alberto Fijo

Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor