Más allá del odio

Una película superflua y anodina sobre una familia rota por la ausencia del padre y por la irresponsabilidad e inmadurez de la madre

Más allá del odio
Más allá del odio

Más allá del odio: ¿Dónde dice, oiga?

Más allá del odio | Si contara el argumento, y más el tema, el lector de la crítica podría reaccionar diciendo: ¡Qué interesante! Ciertamente lo es; pero al estar el argumento, y más el tema, asfixiados bajo capas y capas de colorines y grititos y bromas laterales y anecdotillas marginales… pues… pues no: la película no merece ser calificada de interesante.

La película ha sido concebida en cuanto a lo que se llama diseño de producción con un look como de revista «Look» o de revista «Collier’s»…, ésas y otras de los años 50 ó 60 USA, es decir, la de esos hogares relucientes y luminosos con cortinitas -organdí con topos- en las ventanas de una cocina deslumbrante, de anuncio en papel couché; ventanas que dan a un huerto jardín lleno de luz y verde, manzanas de Blancanieves y olorosas flores de paraísos Disney.

Los maravillosos dormitorios del enorme y maravilloso chalet están impolutos (milagrosamente impolutos, pues no hay sirvientas y nadie limpia). ¿Se capta lo que digo?

Las personas, especialmente las cuatro jovencitas de la casa -entre 15 y 20 años-, van vestiditas a lo apestosillo, en cada escena un conjunto distinto e impoluto también. El guionista y director, en un alarde de realismo, sitúa en un par de ocasiones a las repipiosas niñas en la mágica cocina, que hacen como que preparan unas cenas fabulosas, o sea, hacen teatro -en el peor sentido de la palabra y de la actuación-. Y cuando pasamos al comedor -más impoluto y maravilloso todavía- no comen, pues ves (basta que te fijes un poco) sus platos llenísimos de viandas (¡pero llenísimos, qué groseras!) que revuelven con el tenedor sin comer nada…, haciendo (no sé para quién) como que comen. ¡Pues uno se fija, señor director de actores!

Me temía el final. Mi nariz cinematográfica me decía que toda la película era un gran relleno de pavo con ciruelas pasas para el apoteósico (o apatatado) final.

Volvamos al principio: la madre de las niñas -en ese sitio antes señalado- bebe como una cosaca porque, nos dice, su marido se ha largado con su secretaria sueca. El vecino, un ex del béisbol, se le va acercando cada vez más hasta acercársele del todo (bromas tangenciales sobre qué cama, si la mía o la tuya, y todo eso). Como la madre está tan ocupada, a una hija le da tiempo a liarse con uno de la edad de su padre; a otra, a quedarse embarazada; a otra, a enfermar de úlcera por stress; y a la pequeña, a ofrecerse con insistencia a un chico que dice ser gay para sacarle del gayismo… Pero como la madre está tan ocupada bebiendo, o está con el vecino, o cambiándose cada dos por tres de vestido, pues… aunque les ladra; ya se sabe que perro ladrador, poco mordedor… Y al final resulta que la cosa no había sido como a ella le pareció…

Y hay un entierro y se abrazan mucho, y lloran a gustísimo, y ríen como locas que son, aunque van todas de negro, y fin sobre los verdes prados, limpios y pulidos, aunque nadie los siegue.

Hace falta ser una muy buena actriz -ahora lo digo en serio- como Joan Allen, para sostener un papel tan falso y contradictorio como el suyo. ¡Sostenerlo! Y Kevin Costner también está muy bien en su constante y principal presencia secundaria. Entre las nenas, la mejor, Erika Christensen.

Asfixiado bajo las tartas de nata con guindas, los whiskises, los vestidos y zapatos de firma… el tema es el de una familia rota por la ausencia del padre y por la irresponsabilidad e inmadurez de la madre.


Más allá del odio (2005):

País: EE.UU. Dirección y Guión: Mike Binder Fotografía: Richard Greatrex Montaje: Steve Edwards, Robin Sales Música: Alexandre Desplat Intérpretes: Joan Allen, Kevin Costner, Erika Christensen, Evan Rachel Wood, Keri Russell, Alicia Witt Distribuidora: Tripictures