Matrix reloaded: Llaves virtuales

Neo, Morpheo y compañeros mártires tienen 72 horas para salvar Sión, amenazada por las máquinas. Sólo en Matrix encontrarán al Oráculo, que dirá (bueno, ustedes ya saben, no exactamente) a Neo la puerta que debe abrir para frustrar la amenaza. Neo necesita la llave de esa puerta…

Los hermanos Wachowski, 37 y 35 años, han recargado (eso significa reloaded) Matrix, una notable película que en 1999 revitalizó el cine de ciencia ficción, aliñando con tino una exótica ensalada en la que había literatura futurista con ribetes filosóficos, una buena ración de sincretismo religioso, artes marciales, novedosos efectos especiales, mucha cultura del videojuego y una trepidante acción con respiros en forma de diálogos encriptados aparentemente trascendentes. Matrix funcionó porque tenía un inteligente guión que explotaba una buena idea de partida: la realidad que vemos es el resultado de un programa de ordenador creado para sojuzgarnos, de forma que seamos esclavos de una realidad virtual. Para ser libres hay que creer en la verdad, que traerá el ‘Elegido’, un tipo llamado Neo, que tendrá que olvidarlo todo, para liberar su mente y ser la esperanza de Sión, el reducto de los que resisten.

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Matrix reloaded y Matrix revolutions se han rodado entre marzo de 2001 y agosto de 2002 en Australia y EE.UU. La recarga ha supuesto 127 millones de dólares que los directores y guionistas han invertido en 150 decorados, que incluyen tres kilómetros de autopista donde se machacan tropecientos coches en una larguísima persecución. Larguísimas son las secuencias dedicadas a las tortas virtuales, larguísima una escena sexual explícita precedida por una panorámica sobre el danzante pueblo de Sión en trance afrodisíaco, larguísimos los parlamentos abstrusos con la jerga informatico-gnóstica. Todo es más largo y más grande y más apabullante en una película, a ratos muy tediosa, calificada por la MPAA con una R por sus contenidos de violencia y sexo, ya preludiados en el primer cortometraje de la serie de animación Animatrix.

La secuela, que ha perdido casi por completo el inquietante y coherente planteamiento de la primera parte, se lía la manta a la cabeza para reventar la taquilla, aunque para ello tenga que renunciar a la lógica apocalíptica del original, que se sustituye por una apresurada lectura de las teorías de Baudrillard sobre los simulacros y la simulación que pretende vestir de solemne trascendencia la pueril intrascendencia de este divertimento de los Wachowski, que puestos a ser caprichosos, ponen sotana al volador Neo, apuñalan el romántico idealismo del original, abusan hasta el feísmo de los primerísimos planos y cierran la película con un abrupto concluirá, al que más de uno añadirá: ya era hora…

Ficha Técnica

  • Fotografía: Bill Pope
  • Montaje: Zach Staenberg
  • Diseño de producción: Owen Patterson
  • País: EE.UU.
  • Año: 2003
  • Distribuidora: Warner

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