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Mi nombre es Khan

Las dos estrellas de Bollywood, Shahrukh Khan y Kajol, vuelven a juntarse de nuevo en una película emotiva y un tanto moralizante. ***

My name is Khan, 2010 País: India Dirección: Karan Johar Guión: Shibani Bathija Fotografía: Ravi K. Chandran Montaje: Deepa Bhatia Música: Ehsaan Noorani, Loy Mendonsa, Shankar Mahadevan Intérpretes: Shahrukh Khan, Kajol, Christopher B. Duncan, Steffany Huckaby, Carl Marino, Katie A. Keane, Tanay Chheda 165 m. +16 años (temática) Distribuidora: Fox Estreno: 28.5.2010 

Las otras víctimas del 11-S

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No hay despliegue de música, bailes o estra­falarios vestidos de colores. En la cara más dramática de Bollywood las mujeres tie­nen otras preocupaciones además de con­seguir marido, y los padres otras funcio­nes que organizar las interminables bodas de sus hijas. Boyle y Tandan ya nos mostra­ron que el cine indio también puede profun­dizar en cuestiones como el dolor, la vio­lencia, el racismo y, en definitiva, todo aque­llo que convierte la vida en un verdade­ro drama. Y ahora, aunque salvando las dis­tancias, Karan Johar toma el relevo en es­ta carrera de fondo por dotar de integridad y solidez al cine bollywoodiense.

Ojo, porque he dicho “salvando las distancias”. Si en algo se parecen Slumdog y Khan es en que no se andan con tapujos a la hora de mostrar las atrocidades, pero tam­poco se recrean en ellas a la manera de Mi­llennium, sino que rescatan, a través de los personajes, ese resquicio de humanidad que aún no ha claudicado al horror y a la vio­lencia. Aun así, el resultado tiene mucha más fuerza en Slumdog a pesar de contar con un presupuesto más bajo. Y es que el prin­cipal error de Khan es que el guión es de­masiado elemental.

El protagonista, un musulmán con el síndro­me de Asperger, emprende un viaje prome­teico tras el presidente de Estados Uni­dos con la finalidad de demostrar que no es un terrorista y recuperar así al amor de su vi­da.

Hacer depender el hilo narrativo de la voz y la mirada de un autista lleva irremedia­blemente a una excesiva ingenuidad y sen­cillez a la hora de juzgar la realidad. Pe­ro ello no es excusa para la falta de sutileza en el guión; para que Johar nos esté dicien­do constantemente lo que tenemos que pen­sar y que sentir (sobre todo sentir), ni pa­ra caer en el tópico maniqueo de dividir el mundo sin más en buenos y malos.

Aun así, la humanidad de Slumdog está tam­bién presente aquí. Nos encontramos con una historia emotiva bien rodada y magis­tralmente interpretada por las dos grandes estrellas bollywoodienses: Shahrukh Khan en su papel de protagonista, y Kajol, la bella Mandira. Además, es interesante la vi­sión que el director ofrece del 11-S. Más allá del sufrimiento originado en las víctimas y sus familias, se centra en los conflictos racistas originados a raíz de los atentados, el retraimiento que invadió a muchos mu­sulmanes y el fanatismo que inundó a otros. La pena es encontrar algunos tópicos y simplicidades en el camino.

Pero, al fin y al cabo, Mi nombre es Khan es el acto de rebeldía que un personaje dema­siado ingenuo trata de llevar a término en un mundo demasiado hostil. Y quizá el mun­do contemporáneo esté necesitado de que alguien le recuerde, aunque sea de forma un tanto moralizante, lo que queda aún de humano entre tanta irracionalidad y bar­barie.

Blanca Álvarez de Toledo