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Mi semana con Marilyn

Michelle Williams construye una ingenua e insegura Marilyn Monroe en una película pequeña pero deliciosa. ****

My week with Marilyn, 2011 País: Reino Unido/EE.UU. Dirección: Simon Curtis Guión: Adrian Hodges Fotografía: Ben Smithard Montaje: Adam Recht Música: Conrad Pope Intérpretes: Michelle Williams, Kenneth Branagh, Eddie Redmayne, Judi Dench, Emma Watson, Dougray Scott, Toby Jones 99 m. +16 años (temática, erotismo, lenguaje) Distribuidora: Universal Estreno: 24.2.2012

Marilyn, cosecha del 56

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Mi semana con Marilyn es precisamente eso, el relato de Colin Clark, un joven ayudan­te de producción que acompañó en 1956 a la famosísima actriz durante el roda­je de El príncipe y la corista en Londres y los estudios Pinewood. Clark publicó un libro con sus recuerdos y en él se basa el guión.

Digo esto para que nadie busque en esta cin­ta -deliciosa, a ratos- un biopic o un estu­dio sobre la compleja personalidad de la no­via de América. La cinta está construida so­bre una anécdota y todo en ella lleva el se­llo de esa liviandad.

La película cuenta muchas cosas, pero con ligereza, sin entrar en realidad en ningu­na. Habla del vacío vital de una estrella que sólo quiere ser una buena actriz… o qui­zás mejor una buena madre, del deslumbra­miento de un joven al sentirse objeto de aten­ción, de los esfuerzos de un buen actor por conseguir la fama, del sereno realismo de una antigua actriz consciente de los peli­gros que puede suponer una rubia exuberan­te… Todo ello en el marco de un Ho­lly­wood que era, más que nunca, una fábrica de sueños… y un desván de juguetes rotos.

Y, por eso, al final, lo que muestra la pelí­cula -ya digo entre bambalinas y sin discur­sos grandilocuentes- es ese misterioso hi­lo que teje la vida con los sueños y cómo lo importante es triunfar en la vida, aunque no te aplaudan en los escenarios, y que la fama es efímera y el tiempo también y quien acepta el paso de lo uno y de la otra es­tá más cerca de alcanzar el verdadero sue­ño de cualquier persona que es feliz.

Para sacar adelante esta liviana función -con el mensaje crítico y un tanto envenena­­do encerrado en papel de celofán- hacía fal­ta un reparto consistente. Y lo hay. Sin des­preciar la deliciosa fotografía y la sugeren­te puesta en escena -onírica en muchos mo­mentos- es en el apartado interpretativo don­de la película brilla definitivamente. Mi­chelle Williams borda su papel, apoyada en una caracterización asombrosa de una Marilyn recién cumplidos los 30; Judi Dench es un valor seguro (magistrales sus es­cenas donde apoya a la joven actriz hacién­dose la tonta); Emma Watson confirma que hay vida después de Hermione y Ke­nneth Branagh… en fin, es Laurence Oli­vier: con eso está dicho todo.

Ana Sánchez de la Nieta