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Millennium 2: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

Millennium 2: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina: Cinta anodina

Millennium 2: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina | Continuación de las peripecias de la joven Salander

Esta segunda entrega sigue las peripecias de Lisbeth Salander, la joven protagonista con permanente cara fruncida, como de empanadilla recién salida de la sartén. Una trama bastante elemental (se ha simplificado sensiblemente -algo muy de agradecer- el contenido de la abigarrada novela) nos permitirá conocer los truculentos motivos que justifican el hosco carácter de la muchacha experta en informática, fotografía y artes marciales. El coprotagonista, un periodista improbable de una revista que lo es aún menos, queda reducido a pavesas, apareciendo brevemente para dar un poco de respiro a la tatuada Salander.

Ha cambiado el director -lo comprendemos bien-, y el trabajo del nuevo es más televisivo, tanto que en ocasiones se roza lo elemental, especialmente en las secuencias de acción y tensión. Los actores no trabajan bien por el sencillo motivo de que sus personajes están huecos y lo poco que dicen o hacen es muy poco sugestivo. Hay una encomiable decisión de restar violencia morbosa y gratuita a una cinta que no se priva de una secuencia lésbica que encaja en el relato como una moto de agua en una película de vikingos. Algunos planos generales de la bella Estocolmo son lo mejor de una cinta anodina, que ha vuelto a servir para que el editor del malogrado periodista se refiera a él como una suerte de Abraham Lincoln en versión escandinava. La mercadotecnia del ramo del best seller no deja de sorprendernos.

Como comprenderán, esta película tiene todo y nada que ver con la reciente El secreto de sus ojos.

Reseña Panorama
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Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor