Morir en San Hilario: Sopor premortem

Morir en San Hilario | San Hilario vivía de su espléndido cementerio y de la habilidad de sus gentes para organizar los entierros más hermosos. La gente viajaba a San Hilario a morirse a gusto. Las prisas y la modernidad casi han dejado al pueblo sin trabajo y es por eso que, ahora, esperan anhelantes la llegada de Germán Cortés. Germán, un nuevo cliente, desea morir en el pueblo y esto permitirá a sus habitantes esmerarse como nunca y, probablemente, remontar el negocio. Pero todo se complica cuando…

La tercera película de la directora y actriz Laura Maña (Barcelona, 1968) se mete por los vericuetos del ya bastante pasado de moda y manoseado realismo mágico para contar una historia de época ambientada en los años 30 del siglo pasado. El acabado de su película es impecable (estupenda fotografía de Salmones) y el planteamiento es muy prometedor, pero el relato no está bien construido, los personajes tampoco y hay problemas de tono en una historia que no se decide por la comedia ni por el drama, que intenta ponerse seria cuando debería ser cómica y se vuelve cómica cuando esperas que sea dramática. Hay secuencias de una premiosidad verdaderamente cargante. Los actores -lo de la multiplicidad de acentos es un misterio- hacen lo que pueden: están como están porque el guión deja mucho que desear (la evolución del Piernas -el gánster que interpreta Homar– es sencillamente inexplicable, el personaje de Ana Fernández no tiene ni pies ni cabeza, el quebranto interior del cura no hay quien lo entienda).

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A medida que pasan los minutos se impone el sopor, aunque no entran ganas de morirse.

Ficha Técnica

  • País: España, 2005
  • Fotografía: Javier Salmones
  • Montaje: Bernat Vilaplana
  • Música: Francesc Gener
  • Distribuidora: Filmax
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Reseña
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Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor