Muere otro día: La Habana es Cádiz

Muere otro día, la última de la saga Bond tiene un arranque que presagia una fantasmada con cierto estilillo, pero no es así. La película, compuesta de tres o cuatro pegotes cosidos de cualquier manera, hace un poco imaginativo uso de las armas habituales (llaman homenaje a la pereza) de la franquicia 007, a saber, aguerridas y provocativas damas, malos malísimos y tontísimos, localizaciones extravagantes, aparatejos curiosos y abundante ensalada de tiros, erotismo, carreras y explosiones.

El neozelandés Tamahori (El desafío, La hora de la araña), filma bien -incluso muy bien- la acción, pero no consigue imprimir un mínimo de ritmo a un guión que, no es que sea malo, es que no existe. Uno se pregunta por qué será tan difícil -con tantos medios- hacer una peli entretenida. Quizás porque se piensa que hay que tener al espectador botando en el asiento cada cinco minutos. Siguiendo la moda de rodar en ciudades con encanto, queda la curiosidad de ver una habanera Cádiz y una londinense Madrid fotografiadas por David Tattersall, responsable de los Episodios I y II de Star wars. A Brosnan, mayor para el surf pero actor solvente, le acompaña una artificial Halle Berry, de cuerpo presente.

Ficha Técnica

  • Fotografía: David Tattersall
  • Montaje: Andrew MacRitchie, Christian Wagner
  • Música: David Arnold
  • Año: 2002
  • País: EE.UU., Gran Bretaña

Reseña Panorama
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Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor