National Gallery: A vista de Wiseman

Wiseman lleva cerca de 40 documentales institucionales. No hay música extradiegética, no hay narrador, no hay declaraciones, no hay rotulación, no se identifica a nadie porque se supone que lo importante no es el tú sino el nosotros, la institución. Se rueda sin guión previo (o al menos eso dice Wiseman), se montan planos muy cortos o planos largos con peroratas interminables. Los metrajes son abrumadores, tres y hasta cuatro horas (eso duraba At Berkeley, que no se estrenó en España).

Son opciones muy respetables pero no me convencen. En el cine de Wiseman (Cambridge, Massachusetts, 1930) hay gente pero no personas. Me parece que Wiseman rueda ni bien ni mal sino todo lo contrario, escribe en montaje y eso es muy arriesgado, mucho. Hay demasiados momentos (los momentos de Wiseman son de 20 minutos) donde me creo delante de un entomólogo obstinado pasando con deleite (quita, quita que el deleite viste poco) las páginas de la guía telefónica donde ha pinchado sus insectos.

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Lo que escribí hace cuatro años sobre La danza vale para National Gallery. Y me encantaría que no fuese así. Porque me gusta la danza, pero siendo sincero estuve en un ballet o en ninguno. En cambio, habré estado 30-40 veces en la pinacoteca londinense, en verano, invierno y otoño, con mucha y poca gente, alegre y sombrío, joven y menos joven, solo y acompañado.

Hay una reunión del director del museo con la que suponemos es la jefa de comunicación donde la señora entra en bucle y se encasquilla con un argumento: cuidar a los visitantes. Está todo tan impostado, es tan falso… Recuerda a ese jefazo de At Berkeley con su dentadura postiza recién puesta soltando una filípica a un claustro con cara de «a ver cuando se va este tipo de la cámara y el jefe vuelve a ser igual de arrogante pero sin estrambote».

Retratar el día a día, la cotidianidad, huir de la intromisión, etc., etc. Vale. Pero a mí no me funciona. Si a otros les llena, me alegro. Es una cuestión de lenguaje y de narrativa: Wiseman no mira, Wiseman ve. Opta por ver lo que ha seleccionado, descongelándolo, meses después de haberlo rodado, pudiendo elegir entre meses de filmaciones en las que la pretendida naturalidad no existe porque Wiseman se ha encargado de matarla. Y yo no voy a una película a ver. National Gallery es una morgue. Y a fe mía, que la National Gallery es pura vida, aunque la belleza -como es obvio- palpita en quien se llena de ella, quien la contempla; porque una cosa es contemplar y otra mirar y otra ver. Cuando se trata de dialogar con la quintaesencia de la belleza musical, pictórica, escénica prefiero a un contemplativo y Wiseman no lo es. Al menos, no lo es en el cine suyo que he visto.

 

Ficha Técnica

  • Duración: 180 minutos
  • Distribuidora: Surtsey
  • Público adecuado: +12 años

Francia-USA-Reino Unido. Estreno en España: 18.3.2015

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Reseña
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Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor