Nebraska: Miserias del Medio Oeste norteamericano

Nebraska | Alexander Payne vuelve a reflexionar sobre la familia y las relaciones paterno-filiales en una tragicomedia con un marcado humor negro 

Después del éxito de Los descendientes, el director Alexander Payne se vuelve a poner detrás de la cámara con Nebraska, un film intimista sobre una familia norteamericana del Medio Oeste.  Con una veintena de galardones hasta la fecha -entre los que destaca el del Festival de Cannes a su actor principal, Bruce Dern (Django desencadenado, Big Love) y sus seis nominaciones a los Oscar-, la nueva película de Payne explora más inquisitivamente que su predecesora los vínculos interpersonales.

La premisa de Nebraska parece de una sencillez extrema y, sin embargo, revela una complejidad apabullante: Woody Grant, un anciano senil con muy malas pulgas, se empeña en cruzar medio país para cobrar un “premio” de un millón de dólares que le han enviado por correo. Ante su terquedad y sus continuos intentos de fuga, su hijo David se ofrece a acompañarle con la esperanza de hacerle entrar en razón.

Con un argumento tan mínimo se despliega, sin embargo, una multitud de cuestiones y reflexiones sobre la amoralidad de la sociedad contemporánea digna de aplauso. Desde la denuncia frontal a las prácticas, poco lícitas, de las empresas que se aprovechan de los ancianos para hacer negocio a fuerza de prometer recompensas inexistentes, a la voracidad de aquellos que se imponen como amigos cuando la fama parece sonreír a sus congéneres, la película crece a medida que las miserias humanas afloran en la pantalla.

A partir de los mecanismos de la road movie, Payne y el guionista Bob Nelson hacen un retrato mordaz, satírico y negrísimo sobre la América profunda, sobre las quebradizas relaciones familiares y la mezquindad ilimitada de la condición humana. Filmada en un sugerente blanco y negro -que ayuda a construir ese ambiente plomizo y pesado que recorre el metraje-, Nebraska destaca por la magnífica construcción de sus personajes, una galería de perdedores que oscilan entre la compasión y la repulsión.

Nebraska (Alexander Payne, 2013)
Nebraska (Alexander Payne, 2013)

El pulso de la narración se sostiene indiscutiblemente gracias a la escenificación de unos trabajados perfiles psicológicos y es ahí donde Alexander Payne consigue su mayor logro, confirmando que es un magnífico director de actores. Si bien Bruce Dern ha recibido todo tipo de alabanzas, indudablemente merecidas, muchos se han olvidado de la excelente réplica que le da Will Forte –conocido por el programa Saturday Night Live– y del extraordinario trabajo de la actriz June Squibb (A propósito de Schmidt), encargada de dar vida al personaje más cruel e hilarante de toda la película.

Tragicomedia en estado puro, Nebraska juega con este doble registro de manera equilibrada aunque, finalmente, incurre en la redundancia haciendo que la intensidad desfallezca en determinados momentos; el espectador termina sintiéndose abrumado por el desfile incesante de personajes pintorescos y la conclusión del relato prueba que la película hubiera sido mucho más contundente con una duración inferior.

Más allá de su duración excesiva o de sus vaivenes narrativos, Nebraska demuestra que Alexander Payne es un director interesante. La elección cromática del film, la búsqueda de una aparentemente simplificada puesta en escena y la elección de sus intérpretes son los tres aspectos centrales de su discurso. Si bien críticos y festivales se han prodigado en halagos, para la que suscribe, la cinta no es tan sobresaliente como se viene proclamando desde hace muchos meses, aunque no por ello le niegue al film un gran número de aspectos interesantes.

 

Ficha Técnica

  • Fotografía: Phedon Papamichael
  • Montaje: Kevin Tent Música: Mark Orton
  • Duración: 115 m.
  • Distribuidora: Vértigo
  • Público adecuado:+16 años
  • Estreno en España: 7.2.2014

EE.UU., 2013.

Reseña Panorama
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Laura Montero Plata
Doctora en Historia del Cine, Animación Japonesa y Cines de Asia Oriental