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No habrá paz para los malvados

Urbizu firma su mejor película de acción con sello propio y un José Coronado creíble e inspirado. *** ½

NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS, 2011 País: España Dirección: Enrique Urbizu Guión: E. Urbizu, Mikel Gaztambide Fotografía: Unax Mendía Montaje: Pablo Blanco Música: Mario de Benito Intérpretes: José Coronado, Helena Miquel, Rodolfo Sancho, Juanjo Artero 118 m. +18 años (violencia cruda, lenguaje crudo) Distribuidora: Warner Estreno: 23.9.2011

Balas ibéricas y certeras

Llevamos tiempo hablando de directores es­pañoles que triunfan en el extranjero en gé­neros hasta ahora vedados como son el ci­ne de acción, la ciencia-ficción… Enrique Ur­bi­zu (Bilbao, 1962) no tenía que demostrar que sabía dirigir cine policiaco español y de calidad: Todo por la pasta, Cachito, La ca­ja 507. Aún así, en No habrá paz para los mal­vados sube varios peldaños y firma su me­jor película.

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Un policía medio borracho entra en un pros­tíbulo y pide un ron. “Está cerrado”, di­ce la dueña… Así empieza una película es­pañola que podía reunir todos los tópicos del cine de acción salvaje en su veta sangrien­ta o sexualizada. Y sin embargo la pelí­cula sabe moverse en ambientes truculentos sin ser truculenta. Evidentemente no es una cinta infantil, es una peli madura de una violencia seca y dura, que en cuestión de segundos te deja triturado. No hace falta mostrar a Coronado navegando en los in­fiernos, pues su mirada, su manera de andar, el nihilismo de sus frases nos hace ver que lleva el infierno dentro, lo de fuera es me­ramente circunstancial.

Lo mejor de la película es su personalidad, es cine español capaz de competir con el norteamericano sin plagiarle. José Co­ro­na­do podía ser un Vin Diesel o un Bogart de tiro fácil y no lo es. Y Urbizu no rueda co­mo Mann, Tarantino o Affleck, directores a los que sería fácil copiar con el argumen­to de un policía que bordea el abismo en­tre ser justo o justiciero. Eso hace que la pe­lícula sea veraz, huyendo del tono postizo en el que tantas veces ha caído el cine es­pañol de acción. Por poner un ejemplo, un director con talento como Agustín Díaz Ya­nes cayó en ese error en su largometraje Só­lo quiero cami­nar.

Quizá se eche de menos que los personajes que rodean a Coronado son correctos, pe­ro algo anónimos, eclipsados ante el caris­ma del protagonista. Aún así la película man­tiene un buen ritmo sin necesidad de mon­tañas rusas, con un metraje ajustado en el que no sobra ningún tramo.

Claudio Sánchez


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