Noé

Aronofsky se queda con la cáscara. La almendra, la huele muy pocas veces a lo largo de los 138 minutos de película (**½)

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Dirección: Darren Aronofsky Guión: D. Aronofsky, Ari Handel Fotografía: Matthew Libatique Montaje: Andrew Weisblum Música: Clint Mansell Intérpretes: Russell Crowe, Jennifer Connelly,  Ray Winstone, Emma Watson, Logan Lerman, Anthony Hopkins, Douglas Booth, Nick Nolte Duración: 138 min. Distribuidora: Paramount Público adecuado: Jóvenes

EE.UU. (Noah), 2014. Estreno en España: 4.4.2014

O a setas o a rolex

Tienes una gran historia. Tienes unos actores excelentes. Tienes dinero (130 millones de dólares) para rodarla en localizaciones impactantes. Tienes fama de ser un director y guionista con buena mano para historias intensas y torturadas. Tienes…

Y podíamos seguir. Puedes tener muchas cosas y la película resultante puede tener más o menos calidad. Así es la vida, por fortuna. El arte no es un mero sumatorio.

Darren Aronofsky se acerca al relato biblico con una lectura libre, sorprendentemente libre del relato original. Escribo sorprendente porque lo que cuenta es simple como el fondo de un cubo. O escrito de otra manera, el guión es malo. El drama que intenta abrirse paso entre los efectos digitales (esos absurdos surtidores de agua que brotan del suelo, los ángeles pétreos y otras bobadas) es un eco distorsionado del drama bíblico. Y, a fe mía, que el texto original es muy hermoso. Si lo sabes leer puede dar lugar a películas excelentes.

Aronofsky se queda con la cáscara. La almendra, la huele muy pocas veces a lo largo de los 138 minutos de una película que comienza bien, se empantana y termina como buenamente puede, con unas decisiones de guión verdaderamente ridículas en el último tramo.

Y es que, con todo el respeto, me parece que Aronofsky y Handel, ambos judíos, no entienden casi nada; su tratamiento más que ofensivo para los creyentes cristianos y hebreos, resulta sencillamente populachero, banal, palomitero. Y resulta más ridículo cuando se empeña en lo del chiste de vascos: en ir a por setas y a por Rolex: en hacer cine superficial de acción y en pretender cierta trascendencia solemne.

La fuente de la vida, que los dos idearon, era una paranoia pseudomística que queriendo ser profunda y trascendente llegaba a una hondura ligeramente superior a la de un anuncio de champú. En Noé, quizás atraídos por la potencia sobrecogedora del relato del Génesis, han versionado el texto y el resultado es pobre, cinematográficamente pobre. La historia es mala y está mal contada.

Sus personajes ni creen, ni esperan ni aman a Dios, y se van tornando monigotes de teatrillo. Y así no hay manera. O mejor dicho, la hay: el resultado es una película convencional y simple, que va dando tumbos, como un zombi, como la fe de los protagonistas.

Dice Aronofsky que se considera un judío ateo y que la película no le ha hecho replantearse nada. A película vista se entienden las dos cosas.

Alberto Fijo

Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor