Nothing personal: Soledades acompañadas a fuego lento

Una joven holandesa deja su apartamento en la ciudad y viaja a Irlanda para errar, libre y solitaria, mochila al hombro, por los austeros paisajes de Connemara. Pese a su propósito de aislamiento, cede a la tentación hogareña cuando Martin, un hombre de mediana edad, culto y bienintencionado pero herido por la pérdida de su familia, le ofrece hospitalidad en su casa perdida en el campo.

Nothing personal concentra una mirada detallista y ensimismada en la evolución de dos soledades, simétricas en el origen doloroso de sus respectivos traumas apenas entrevistos: lo importante es su actual situación, el punto de partida desde lo más bajo. Martin toma la iniciativa, intenta romper el hielo, pero Anna defiende su capa de protección con fiereza de animal salvaje. Poco a poco la comprensión y la paciencia van domando las púas del puercoespín.

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Poco a poco… a veces, demasiado poco a poco. Quizá lastrada por su entusiasmo de debutante, la directora Urszula Antoniak se adscribe con machacona fidelidad al naturalismo esencialista a lo Dogma 95 (del primer Lars von Trier para acá). El ritmo se demora en grandes paisajes de una Irlanda dura y sugerente, salvajemente hermosa, con planos largos, largos, pero también en las posturas, miradas, gestos… de los dos únicos personajes.

Ganadora de los premios a mejor actriz, mejor opera prima y mención especial del jurado en Locarno, Giraldillo de Plata en Sevilla y gran triunfadora de la Academia holandesa, como muchas de las galardonadas en este tipo de certámenes, Nothing personal tiene una cierta pesadez de cosa modernita, con ínfulas experimentales y tufillo pedante, pero la semilla de puro cine que lleva dentro se gana al espectador, que termina implicándose emocionalmente en la relación que va creciendo entre los protagonistas.

Sobre todo, por el acertado desarrollo del guión en la parte decisiva, cuando se juega el cambio de ritmo, con una notable gestión de la elipsis: importa más lo que no se dice, huellas de traumas, silencios no siempre incómodos, posibilidades que pueblan la atmósfera de un desayuno… Pero también por el fenomenal trabajo de Stephen Rea, con una fuerza contenida que llena la pantalla; por el contrario, y pese a los premios, a mí personalmente la exageración de Verbeek como prototípico «animal dañado», más que emocionarme me repele un poco. Y un último pero: el final lamentable, al hilo de esa modernez tan pesadita.


Los paisajes y la fuerza de un contenido Stephen Rea.

Cierta pedantería en el guión y la realización.

Ficha Técnica

  • País: Holanda, 2009
  • Daniel Bouquet
  • Jane English
  • Ethan Rose
  • Karma
  • 85 minutos
  • Mayores de 16 años (erotismo incidental, temática)
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Reseña
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Ángel Peña
Profesor y periodista