Nunca es demasiado tarde: Dios lo ve

Still Life (Naturaleza muerta) es el título de una película hermosa, protagonizada por un funcionario municipal de un distrito londinense que se ocupa desde hace muchos años de indagar por los parientes de los que mueren sin tener familiares conocidos que se interesen por el difunto y sus exequias.

Eddie Marsan da vida al funcionario, que lleva de alguna manera el sello del protagonista del inolvidable cuento del gran Melville, Bartleby, el escribiente. Y también algo del espíritu dickensiano de ajustar cuentas con la realidad a través de la ficción (es admirable cómo estudia Chesterton este asunto en su magnífico ensayo sobre el escritor inglés).

Metódico, pulcro, cumplidor, incansable, John May no florece, pero sigue creyendo en la primavera, en que llegará para otros y quizás, quien sabe, para él.

Hay películas que se escapan de la corriente, que se salen del código no escrito de la industria del cine, bien sea comercial, bien independiente. Ésta es una de ellas. Es un relato encantador, tan deliciosamente ingenuo, que le perdonamos su título en español, que es horrible y dice muy poco. Se cumple en Nunca es demasiado tarde lo que afirmaba con sabiduría uno de mis aforistas de cabecera, Joseph Joubert: «No es necesario que haya amor en un libro para que nos encante, pero sí es necesario que haya mucha ternura».

Uberto Pasolini, italiano afincado en Inglaterra, tiene mucha experiencia de producción (entre otras películas la exitosa Full Monty) pero poca de dirección. En su segunda película ha escrito una buena historia y la cuenta con aplomo y acierto, con delicadeza y ternura, sin afectación. Tiene mucho mérito Pasolini. Lo tiene por abordar temas muy tristes sin abandonarse al pesimismo estéril, dejando entreabierta la puerta de la esperanza, del valor de lo que aparentemente nadie ha advertido o agradecido (me viene a la cabeza ese fascinante libro sobre estética y belleza arquitectónica de Óscar Tusquets, Dios lo ve). Se arriesga -con la solución narrativa que adopta- a la ruptura del equilibrio de su película, y se lo agradezco (aunque -seamos sinceros y honestos- le cuesta demasiado acabar). La fotografía es exquisita, buenos los actores y delicada y oportuna la música de una gran compositora, Rachel Portman, esposa del director.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Stefano Falivene
  • Montaje: Gavin Buckley, Tracy Granger
  • Música: Rachel Portman
  • Duración: 92 min.
  • Distribuidora: A Contracorriente
  • Público adecuado: +12 años
  • Estreno en España: 24.10.2014

Still Life, Reino Unido – Italia, 2013

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Reseña
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Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor