Palíndromos: Surreal Solondz

Hay que reconocer que el cine de Solondz es minoritario; baste decir -es un recurso ya usado en cine y literatura- que interpretan el personaje principal de Palíndromos unos 12 actores, casi todos mujeres o niñas. También es verdad que es más fácil destruir que construir, y de algún modo Palíndromos es una crítica demoledora tipo Atila.

Es minoritaria y original, atractiva, y es significativa por sí misma la manera de la narración: en la historia no sólo todas las mujeres son una sola mujer, sino que todas son Aviva, son palíndromas: se leen igual al derecho que al revés: Sara Baras. O como dice esta sentencia: Quien mal empieza mal acaba.

Toda la película es palíndroma: comienza con la frase de una encantadora niña negrita, que dice que quiere ser mamá y tener muchos, muchos hijos, para así tener muchos, muchos a quienes querer. Acaba con la frase de otra niña negrita aun más encantadora, que dice: ¡Parece que al fin voy a poder ser mamá!

¿Y en medio? En medio nos encontramos con más de hora y media de crueldades, cobardías y egoísmos, taras psicológicas en torno al sexo que sólo quiere sexo y no hijos ni responsabilidades, prefiere matar la vida (la ajena e indefensa, por supuesto) antes que prescindir de alguna de las comodidades.

Esperpento surreal

Solondz presenta a esta/estas Aviva que quieren ser madre. Incluso ya a los doce años, y como sea. Éste como sea es muy desconcertante. A pesar del tema, desgranado en diversas historias o anécdotas, no hay en ella ningún desnudo, ni de un pie. Pero sí es dura y cruda, por las situaciones fuertes y por los diálogos descarnadamente directos.

No es una película que se encuadre sólo en el realismo, sino también en el esperpento a veces, en un surrealismo cómico y absurdo, o bien en una delicada poesía visual, llena de sugerencias. Por eso mismo, por la propia indefinición de ciertas sugerencias, cabe preguntar: ¿Solondz está hablando del instinto de ser madre, del instinto… de una persona? Cuando presenta el egoísmo que trunca ese deseo ¿irracional? de ser madre, queda claro que se trata de una persona cruelmente egoísta. O de un macho lujurioso. O de las taras psicológicas de un enfermo. Pero no queda claro, ni siquiera en esbozo, qué es ser madre, el deseo de una mujer que quiere ser madre. No alude al amor por un hombre ni al matrimonio… ¿Sueña Solondz el mundo del buen salvaje a lo Rousseau y sus derivados decimonónicos estadounidenses, o sueña en las amazonas? ¿Qué?

El entorno de los personajes, interiores y paisajes, es precioso y buscadamente cursi, como los adornos de nata color de rosa. Los hogares dan la sensación, tan recargados de comodidades están, que hasta el aire está cargado y enrarecido. ¿Quizá alude muy directamente a Estados Unidos? ¿Y para ellos de modo especial van sus invectivas?
Ridiculiza también esos inventos pseudo caritativos y folklóricos, en los que una sola señora llena -gorda también- de buena voluntad, un poco tontaina, saca adelante a 15 ó 20 tarados/as de distintas edades y sexo y procedencia, sólo con mieles sentimentales.

Una crítica sentimental

Tanta crítica, ¿en nombre de qué -no hay verdad-, de quién -no hay alma, no hay Dios-? Un personaje explica el palíndromo, el Aviva, como un determinismo materialista, sin libertad: quien mal anda mal acaba, y no puedes dejar de andar mal. Y otro pregunta: ¿Enton­ces no hay Dios? Y la conversación es cortada por un tercero.

Solondz muestra una gran capacidad de observación, muy bien plasmada en un tiempo fluyente en el que no hay antes ni después, y si lo hay es igual, es lo mismo: Aviva. Un conglomerado de variadas situaciones por las que pasa y sufre la atormentada Aviva, como una Yerma-EE.UU., como una Dido de las cavernas, interpretada por distintas actrices y actores.

Ellen Barkin, que no es Aviva, siempre es­tá ahí como representante modelo del egoísmo burgués más acendrado y más civilizadamente asesino. Perfecta. Y perfecta en su patetismo de niña vieja o viejo Aviva, Jennifer Jason Leigh. Así como la voluminosa negra Ashleigh Hertzig.

Retomo la pregunta: si no hay nada ni nadie que sea base para la crítica feroz de Palíndromos -película artística, original, interesante-, ¿no será la de Todd Solondz una crítica sentimental, y no será la suya una postura propia del naturalismo filosófico?

Ficha Técnica

  • País: EE.UU. (Palindromes, 2004)
  • Fotografía: Tom Richmond
  • Montaje: Mollie Goldstein, Kevin Messman
  • Música: Nathan Larson
  • Distribuidora: Vértigo
  • Duración: 100 m. Adultos
Reseña
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Pedro Antonio Urbina
Crítico de cine, poeta, escritor y traductor