Palmer: Segundas oportunidades

· Crítica de Palmer | Estreno 29 de enero de 2021 Apple TV+
· Una película simpática y con puntos de interés, que predica la tolerancia, la aceptación del diferente y las segundas oportunidades.

Palmer había sido la estrella del lugar. Célebre jugador de fútbol del instituto que llegó a las grandes ligas, hasta que las cosas se torcieron. La película comienza cuando Palmer sale de la cárcel después de doce años, y vuelve a su pueblo, a casa de su abuela Vivian, para rehacer su vida, pero no es fácil: es un pueblo duro y a la gente le resulta difícil dar una segunda oportunidad. Junto a su casa, en una caravana, vive Shelly, una joven drogadicta, con su hijo Sam, de unos seis años. Sam es simpático, gafotas, regordete y le gustan las cosas que les gustan a las niñas: jugar con muñecas, pintarse, … Sam suele ser objeto de bullying por parte de chicos y de grandes. Cuando Shelly desaparece, cosa que hace regularmente, Vivian se ocupa de Sam. A pesar de que Palmer ni entiende ni simpatiza con los gustos del crío, porque le repugna el acoso de que es objeto -parecido al rechazo que él mismo sufre de sus vecinos- y porque el chico es un encanto, toma partido por Sam y se la juega por ayudarle.

Palmer es una película simpática y con puntos de interés, que predica la tolerancia, la aceptación del diferente y las segundas oportunidades de un modo políticamente correcto. Es inteligente al no cargar las tintas en la cuestión de género -¿qué y cómo es Sam?- que es un crío magnífico, y al plantear simultáneamente las cuestiones del recomenzar de Palmer, difícil en un pueblo religioso e intolerante; del abandono familiar de Shelly y de su derecho a la custodia a pesar de ser claramente incapaz de cumplir sus obligaciones. Discretamente hace dos bandos: hipócritas y/o retrógrados, por una parte, y gente buena, dispuesta a ayudar, por otra. Entre medias quedan pocos indiferentes que se acercarán a alguna de las dos posturas.

El guión recurre a bastantes tópicos, lo que no es necesariamente malo salvo en algunos giros finales demasiado previsibles. La interpretación de Justin Timberlake (La red social, Golpe de efecto) es adecuada, tal vez excesivamente sobria. La actuación de Ryder Allen, el niño que hace de Sam, es un espectáculo. Allen se come la pantalla y da alegría en cada momento que aparece, incluso en los más dramáticos y lacrimógenos de la cinta, que son bastantes.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Tobias A. Schliessler
  • Música: Tamar-kali
  • Montaje:
  • Duración: 110 min.
  • Público adecuado: +16 (V- X)
  • Distribuye: Apple TV+
  • Estados Unidos, 2020
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Reseña
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Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.