Paranoid park

El realizador estadounidense reflexiona sobre la culpa con una radical propuesta visual

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Dirección y Guión: Gus van Sant Fotografía: Christopher Doyle, Rain Kathy Li Montaje: G. van Sant Intérpretes: Gabe Nevins, Dan Liu, Jake Miller, Taylor Momsen, Lauren McKinney, Olivier Garnier Duración: 85 m. Público apto: +18 Distribuidora: Avalon

Francia/EE.UU.(Paranoid park), 2007. Estreno en España: 10.7.2009

Van Sant vuelve al instituto

EN el año 2003 Gus van Sant ganaba la Palma de Oro del festival de Can­nes con Elephant, un viaje a la tragedia del instituto Columbine. Con un estilo visual brillante, Van Sant reflejaba el sinsentido de la acción de los dos adolescentes culpables de la matanza.

Paranoid park, elegida para celebrar el 60 aniversario del festival francés, es en cier­to modo, el reverso de Elephant, la otra cara de una misma moneda. Si en Ele­phant Van Sant rodaba desde fuera y con una incómoda objetividad, en Para­noid park rueda desde dentro, desde la ca­beza de Alex, un adolescente amante del monopatín, hijo de una familia desestructurada que una noche se ve envuelto en un crimen espeluznante.

Van Sant utiliza una novela de Blake Nil­son para contar una perturbadora historia sobre la culpa y el peso de la conciencia, y sobre cómo se come esto en una sociedad que ha dejado de tener referentes morales y que se mueve a golpe de instintos, móviles y nuevas tecnologías. Dice el realizador que ha querido filmar una especie de Crimen y castigo en clave adolescente, y desde luego algo de esto hay. El reflejo en la pantalla de los remordimientos es, en algunas escenas, el de un visionario. Y los caminos que trata de encontrar Alex para la redención no son muy dis­tintos a los que llegó Raskolnikov. Pero Van Sant no es Dostoievski y no le da a su “héroe” para salir más que un pequeño ata­jo poco convincente.

Visualmente la cinta tiene muchísima fuerza, entre otras cosas porque Van Sant ha presentado en 86 minutos una propuesta radical con enorme coherencia: actores noveles seleccionados a través de Myspace (que funcionan estupendamente), montaje fraccionado, saltos en el tiempo, mucha cá­mara en mano, entradas de imagen de ca­si todas las fuentes posibles (super8, mó­vil, etc). Todo esto da una enorme veracidad a la pequeña pero profunda historia que se nos está contando. ¿Otro motivo? Detrás de la magnífica fotografía está Christopher Doyle (In the mood for love, La joven del agua), que además tiene un pe­queño papel. La película, por razones que no llegan a com­prenderse bien, ha tardado dos años en estrenarse en España.

Ana Sánchez de la Nieta