Persiguiendo a Betty: Historia de amor

Hacía tiempo que no veía en cine una verdadera historia de amor. Iba a corregir la frase, y que dijera: Hacía tiempo que no se veía… Pero he pensado que debo aplicarme sólo a mí, y sólo a los que como yo sientan y entiendan esta apreciación convencida de lo que es una historia de amor: Persiguiendo a Betty es una aislada y verdadera historia de amor.

Al contrario, oigo calificar como de amor historias que no lo son. Entre otras muchas, y como ejemplo, oí a muy diversas gentes decir que la película Shakespeare enamorado es una película romántica de amor; pero el amor romántico es, entre otras cosas, generoso y soñador, y ninguno de los dos amantes de esa película es soñador: ella calcula muy bien lo que le conviene, y vuelve con su adinerado novio para casarse con él; y ninguno de los dos amantes es generoso, sino injusto: él es infiel a su mujer y ella es infiel a su novio, para poder gozar egoístamente el uno del otro en la cama. Diría que es una historia de exclusiva atracción física, y nada más.

A través de generaciones la historia de Don Quijote y Dulcinea ha permanecido como una verdadera historia de amor, a pesar de que la sin par Dulcinea no conociera la existencia de su enamorado, y de que quizá ella fuera en realidad una zafia pueblerina tal vez llamada Aldonza Lorenzo.

Porque el caso es que también Betty está locamente enamorada de un ser de ficción: del apuesto, prestigioso y desgraciado Doctor David Ravell, protagonista de la serie televisiva Un motivo para amar. Y la enfermera Betty (que en realidad es camarera de una cafetería de pueblo) vive una verdadera y única historia de amor con el Dr. Ravell. Sin duda alguna, la historia que han escrito los guionistas John C. Richards y James Flamberg (Premio al Mejor Guión en Cannes 2000) es una historia encantadora, muy bien construida, con personajes que son auténticas personas, con unos diálogos llenos de intención, de hondura y sencillez, de humor y a veces de comicidad y, por supuesto, de ternura, pues se trata de amor.

El director, Neil Labute, trató en su primera película –En compañía de hombres-, en parte el mismo tema de Nurse Betty (Persiguiendo a Betty), aunque desde otra perspectiva y, desde luego, con el tono duro y cruel que Juan Antonio Bardem usó en Calle Mayor, de la que En compañía de hombres es una versión americana y moderna. Neil Labute la presentó en Cannes 97, pero fue en Sundance y Nueva York donde obtuvo reconocimiento y premios.

Betty, como la protagonista de Calle Mayor, es una mujer sin amor. Casada con un hombre rudo y violento, la engaña, y la trata como una esclava en su propia casa. Betty se refugia en la serie televisiva Un motivo para amar; un acontecimiento inesperado y violento quiebra su estabilidad mental, y Betty cae en un estado de shock que le permite vivir la más intensa y única y sin par historia de amor con el Dr. Ravell.

Renée Zellweger es la muy encantadora y maravillosa Betty, y el amado a pesar suyo es -como Dulcinea– el atractivo Doctor Ravell (Greg Kinnear). Bueno, no es así: Greg Kinnear no es el Dr. Ravell, sino un actor… No se confundan como la propia Betty.

Ficha Técnica

  • País: EE.UU. (Nurse Betty, 2000)
  • Fotografía: Jean Ives Escoffier
  • Montaje: Joel Plotch
  • Música: Rolfe Kent
  • Estreno en España: 1 de diciembre 2000
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Reseña
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Crítico de cine, poeta, escritor y traductor