Planes de boda

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Dirección: Adam Shankman Guión: Pamela Falk Música: Mervin Warren Fotografía: Frank Griebe Intérpretes: Jennifer Lopez, Matthew McConaughe

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 Estados Unidos 2001. Estreno en España 1 de mayo de 2013.

La comedia es cuestión de timing. La comedia es timing sentenciaba Blake Edwards en una entrevista reciente, que Canal Plus ilustraba con divertidos cortes de El guateque. Edwards exagera y simplifica como todo director veterano que se precie en la lidia de una entrevista festivalera. La comedia de amores es cuestión de timing y de 27 cosas más. Conseguir una buena comedia romántica es bastante complicado, y en los últimos años todas las películas del género han sido banderilleadas al someterse a una crítica medianamente ecuánime (a propósito es asombroso el penoso nivel medio de la crítica española: destripar argumentos, repetir cuatro tópicos sacados del pressbook y soltar algún bastinazo más o menos ocurrente y definitivo).

The Wedding planner (la experta en bodas, traduciría yo) arranca de forma poderosa, con una presentación impecable, ágil, simpática y prometedora. Algo así como la magistral apertura de Mentiras arriesgadas, que sirve para presentar al protagonista en traje de faena. Jennifer Lopez está radiante, suelta y vivaracha, dispuesta al falling in love, que como Dios manda tiene que surgir de modo casual, y apuntar hacia la persona menos indicada. La elegancia horterilla de la puesta en escena, la música y la fluidez del montaje presagian un buen chaparrón romántico de intensidad directamente proporcional a las dificultades que la vida y los enamorados ponen al amor a primera vista. Llevamos treinta minutos de peli y la cosa -de un buen gusto infrecuente- va sobre ruedas, a pesar del espantoso tinte del pelo de McConaughe.

De pronto, como en los toros, el público saca los bocadillos y el papel albal desconcentra al torero que se afana por hacer faena a un toro cojo. El toro, la película, cojea, porque se han pasado en la suerte de varas. Los responsables de la lidia lo han permitido lastimosamente. El resto de la faena, excesivamente larga y empalagosa -104 minutos que deberían ser 90- es puro oficio, sincretismo cinematográfico ramplón, que duele un poco más cuando se piensa la película tan redonda que habría quedado si aciertan a dibujar mejor los obstáculos para que la chica pueda casarse con el chico. Una pena, porque había materiales para una tarde memorable.

Por supuesto, para los obtusos tontillos recurrentes de casi siempre, The wedding planner blandea porque le falta sexo. Venga hombre, a otro perro con ese hueso.

Alberto Fijo

Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor