Poodle Springs: Un viejo detective

El famoso detective, ya interpretado entre otros por Humphrey Bogart en El sueño eterno, o Robert Mitchum en Adiós muñeca, vuelve a la gran pantalla. Esta vez le da vida un maduro James Caan, sólido actor que no se prodiga en exceso, y que durante años ha formado parte de la familia cinematográfica de Coppola con sus apariciones en El padrino o Jardines de piedra.

Marlowe se ha casado con una mujer varias décadas más joven, que pretende que su marido diga adiós a las armas y se dedique a la peligrosa tarea de limpiar la piscina de su lujosa villa en Poodle Springs, una urbanización para jubilados nacida en mitad del desierto. Pero el detective prefiere continuar con su poco aburrida existencia y aguarda, con los pies encima de la mesa de su despacho, a que un asunto turbio llame a su puerta.

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La historia está basada en una novela de Raymond Chandler, aunque fue terminada por Robert Parker. Perfectamente ambientada en una California soleada y tenebrosa a la vez, la acción se inicia cuando Marlowe recibe una misteriosa llamada que desencadenará toda la trama. El director Bob Rafelson se muestra ágil en su cometido, manteniendo bien el equilibrio entre un cine negro clásico y el actual, aunque con alguna escena de lo más gratuita, como si a Lauren Bacall le hiciera falta enseñar nada cuando le decía Humphrey aquello de «¿Tienes un fósforo, flaca?».

Poodle Springs, como la mayor parte de las novelas de Raymond Chandler, es una historia enrevesada, que hay que seguir con atención para no perder comba, con frases lapidarias que suenan a disparos y disparos que suenan como frases lapidarias. Pues en el cine negro clásico los pocos disparos que se pegan son el último recurso y no el primero, como en el cine negro actual.

Ficha Técnica

  • País: EE.UU., 1998
  • Fotografía: Stuart Dryburgh
  • Música: Michael Small
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Reseña
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Juan Velarde
Escritor de relatos de terror y misterio, y guionista de cine y televisión. Admirador de Ford, Kurosawa, Spielberg y Hitchcock, no necesariamente en este orden