Príncipe de Persia, las arenas del tiempo: Aprobado alto

La crítica es un género periodístico de opinión, subjetivo. Al menos eso es lo que se aprende en las facultades de Comunicación. Luego, los amigos, los lectores y el redactor jefe rebajan esa subjetividad. Le piden al crítico que analice, que diseccione en partes, que mire de reojo al resto de los críticos, que compare con lo que ya ha visto y, sobre todo, que antes de insultar la última Palma de Oro dirigida por un maestro del cine chino se lo piense dos veces. Y todo esto está muy bien. Es parte del trabajo del crítico que no puede conformarse con decir que le ha gustado la película, como hace todo hijo de vecino después de ingerir un kilo de palomitas después de la sesión de noche del sábado. El crítico no come palomitas. Juzga mientras ve la película, apunta a veces, se acuerda de otras escenas similares, piensa donde está la cámara… y luego llega a la redacción y escribe.

Pero a veces el trabajo del crítico no es sencillo, hay días y, sobre todo, hay películas en las que el cuerpo te pide que seas solo espectador. Y eso es lo que a quien escribe estas líneas le pasó con Príncipe de Persia, las arenas del tiempo. No espero nada de una cinta basada en un videojuego. Sé de sobra que Mike Nevell no es Spielberg y Jerry Bruckheimer es simple y llanamente dinero y entretenimiento (que no es poco). Como las bases están claras me siento a disfrutar de la película.

Y disfruto de lo lindo. Porque la cinta no pretende engañarme. La historia empieza como un cuento, casi con el érase que justifica que todo lo que vamos a ver después tiene la lógica narrativa de las leyendas. Aunque la cinta es prima hermana de la saga Piratas del Caribe, hacía tiempo que no veía una película tan Disney, tan clásica en sus hechuras, tan de manual y, sin embargo, tan eficaz. Una pareja de guapos y simpáticos que se odian cordialmente, un malo malvado y otro mediomalo tonto (Alfred Molina) que interpreta un capítulo tronchante a costa de unos avestruces. Una banda sonora que no para un minuto y que a ratos imita sin empacho los climax que han acompañado las grandes películas ambientadas en el desierto. El gran logro de Príncipe de Persia, las arenas del tiempo es hacer una película de videojuego con envoltorio de cine clásico: con historia de amor, con batallas de buenos y malos, con peleas y fondos de cartón piedra (digitales pero que cantan La Traviata: esto no es Avatar), con moraleja y final feliz. Este es el mérito. Y contar con un reparto con talento más que de sobra para hacer esta película y profesionalidad para interpretarla sin complejos.

Lo dicho, que al final, imbuida en mi rol de espectadora no sé si Prince of Persia es una buena película (sospecho que no) pero sé que me he divertido muchísimo.

Ficha Técnica

  • EE.UU. (Prince of Persia: The Sands of Time, 2010)
  • John Seale
  • Martin Walsh, Mick Audsley, Michael Kahn
  • Harry Gregson-Williams
  • Disney
  • 117 minutos
  • Mayores de 12 años
Reseña
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Periodista. Editora de Conversaciones con