Samaritan girl

Dirección y Guión: Kim Ki-Duk Fotografía: Sun Sang-Jae, Sang-jae Seon Montaje: Kim Ki-Duk Música: Park Ji, Ji-woong Park Intérpretes: Ji-min Kwak, Min-jeong Seo, Uhl Lee, Kwon Hyun-min, Oh Young Distribuidora: Sherlock

Corea del Sur, 2004. Estreno en España: 15.04.2005

Por el buen camino

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En apenas año y medio, el cineasta surcoreano Kim-Ki Duk ha saqueado el palmarés de los grandes festivales europeos. Sus películas sintonizan con la sensibilidad occidental a través de imágenes y con­ceptos que, si bien se encuentran firmemente enraizados en los modos de vida y pen­samiento orientales, encuentran con pasmosa facilidad su reflejo en el marco de nues­tra tradición judeo-cristiana. La penitencia -motivo importantísimo en el cine de este autor-, el sentimiento de culpa que la impulsa y un sentido innato para la tragedia constituyen a primera vista su salvoconducto. Hierro 3 (Espiga de Oro en Valladolid) y Samaritan girl (cinta que nos ocupa y Oso de Plata en el pasado Festival de Berlín) son las dos películas del director que llegan a las carteleras españolas con la primavera.

Yeo-jin y Jae-young son dos jóvenes amigas que sueñan con viajar a Europa. Con el fin de conseguir el dinero necesario, la segunda ofrece su compañía a diversos hombres por medio de Internet. Preocupada por la seguridad de su compañera, Yeo-jin monta guardia bajo la ventana de los moteles. Una pre­cipitada y amarga sucesión de acontecimientos propiciará un cambio de papeles: Yeo­-jin conocerá en primera persona el calvario al que Jae-young decidió someterse para hacer realidad sus sueños, e iniciará por cuen­ta propia un camino de expiación que arrastrará a su padre, un detective tristemente experimentado en las consecuencias que pueden acarrear este tipo de actividades, a su pro­pio viaje de desesperación y caída.

Ante todo, un primer aviso: Samaritan girl exige amplitud de miras y claridad de juicio. Por su propia naturaleza, la técnica narrativa oriental se aleja del realismo y la lógica occidentales para recrearse en signos y acontecimientos que pueden resultar desconcertantes para el espectador tradicional. En Samaritan girl cada gesto equivale a un mundo, y en oca­siones la veracidad cede terreno al simbolismo y la evocación. A cambio de este esfuerzo, el filme brinda una experiencia refrescante y arrolladora, muy en la línea de esa exquisitez del director llamada Pri­ma­ve­ra, verano, otoño, invierno… y primavera. El colorido y las texturas se combinan con la plas­ticidad de los encuadres para plasmar una fábula sin moralina que, con toda seguridad, hechizará a quienes tengan la saludable costumbre de acudir al cine en busca de más preguntas que respuestas.

Algunos dicen que Oriente se está abriendo a Occidente, y es cierto. Pero no es menos cierto que gran parte del éxito que cosechan estas producciones en nuestras salas y festivales parte de la insólita pasión y belleza con que -más allá de las nacionalidades y las filosofías- directores como Ki Duk nos están contando últimamente sus historias.

José Miguel Campos